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Bizarro: entre la valentía, la rabia y lo extraño

8 de julio de 2025 por Jon López Dávila Deja un comentario

En la lengua española, pocas palabras han tenido un destino tan curioso y debatido como bizarro. Tradicionalmente, y de acuerdo con el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (RAE), bizarro ha significado “valiente”, “generoso”, incluso “lucido”, y ha sido una de esas joyas léxicas de fuerte carga positiva, evocadora de nobleza de carácter y gallardía. No obstante, en tiempos recientes, esta palabra ha sufrido una mutación semántica que ha inquietado —con razón— a lingüistas, editores y hablantes atentos al devenir de nuestro idioma.

El uso moderno más extendido de bizarro entre hablantes hispanos jóvenes o expuestos a productos culturales anglófonos, especialmente en internet y en los medios audiovisuales, es “extraño”, “raro”, “extravagante”, en un claro calco del inglés bizarre. Este anglicismo semántico ha calado hondo. Hoy en día, no es raro encontrar frases como “una película muy bizarra” o “una situación bizarra”, que en el registro tradicional serían casi absurdas o contradictorias, pues lo valiente y lo extraño no siempre se dan la mano.

Pero ¿cómo llegamos aquí? La historia tiene matices interesantes.

De la valentía al desconcierto

La palabra bizarro en español proviene del italiano bizzarro, que originalmente significaba “iracundo” o “de mal carácter” (de hecho, bizza en italiano es “rabia”). En español, sin embargo, desde el Siglo de Oro se afianzó con un significado diferente y positivo: bizarro era el caballero valeroso, el hombre generoso, el personaje gallardo. Así lo emplean Cervantes y Quevedo, y así quedó consolidado durante siglos.

Mientras tanto, en inglés, la palabra bizarre, con origen en el francés, tomó un camino completamente distinto y adoptó el significado de “extraño”, “inusual”, “extravagante”. Es este el sentido que ha influido de manera creciente sobre el uso hispano contemporáneo, especialmente en contextos donde el inglés domina la producción cultural: cine, series, cómics, videojuegos, internet.

¿Error o evolución?

Durante años, los puristas del idioma han señalado con preocupación lo que consideran un uso erróneo. Y, desde una perspectiva normativa tradicional, lo era. Sin embargo, la lengua está viva y los hablantes son sus auténticos dueños. La RAE, sensible a este fenómeno, ha optado por la vía de la inclusión: actualmente, bizarro tiene registradas dos acepciones en el diccionario. La primera sigue siendo “valiente” o “generoso”; la segunda, ya admitida, es “raro, extraño”, con la nota de que es un uso tomado del francés y del inglés, es decir, un préstamo semántico.

Esta coexistencia de significados crea un problema no menor: la ambigüedad. ¿Cómo saber si un texto se refiere al coraje o a la excentricidad? La clave está en el contexto, pero incluso este puede resultar insuficiente en determinados casos. Esta es la principal crítica de los estilistas de la lengua: la polisemia en palabras con significados tan dispares puede llevar a interpretaciones erróneas y confusión.

¿Qué hacemos los hablantes?

La recomendación depende del ámbito. En contextos formales o literarios, es preferible mantener el uso tradicional de bizarro como sinónimo de valiente, para conservar la riqueza léxica y evitar ambigüedades. En textos técnicos, académicos o jurídicos, donde la precisión es fundamental, el uso del término con la acepción inglesa puede ser problemático.

No obstante, en ámbitos coloquiales, en redes sociales o en el habla informal, la acepción de “extraño” parece estar plenamente instalada. Y es probable que, con el tiempo, se consolide como la principal, si no la única, acepción efectiva para nuevas generaciones.

Conclusión: una palabra, tres almas

Bizarro es hoy una palabra con tres raíces: la rabia italiana (bizza), la valentía española del Siglo de Oro, y la extrañeza anglosajona del mundo digital. Las lenguas son organismos vivos que se adaptan, se contaminan, se reinventan. La historia de bizarro es un ejemplo fascinante de cómo una palabra puede cruzar fronteras semánticas y culturales, y salir transformada.

Pero como en toda metamorfosis lingüística, conviene estar atentos. Porque en ese cruce entre valentía y rareza, lo que a veces se pierde es la claridad.

Publicado en: LITERATURA, noticias breves, REVISTA




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