
Proyecto La Hormiga Poeta
Calle Poeta Blas de Loma, 11. Alicante
Los libros no mueren. Los matamos. Los condenamos a una estantería sin luz o, peor aún, a una bolsa junto al contenedor azul. Los abandonamos con la misma ligereza con la que decimos que ya no tenemos espacio, que ya los hemos leído, que no nos gustaron. Excusas. Siempre hay excusas cuando se trata de desprenderse de aquello que un día nos sostuvo.
En un bajo del barrio de San Blas, en Alicante, Ulises López ha decidido no aceptar ese veredicto. Allí funciona La Hormiga Poeta, un proyecto que no pide permiso ni subvención para existir. Simplemente actúa. Recoge libros. Los rescata. Les devuelve el derecho básico a circular, a ser tocados, abiertos, leídos. A tener, como las personas, una segunda vida.
No hay épica grandilocuente en su discurso. Hay trabajo – de Hormiga, sí – pero poeta. Porque hace falta una dosis de fe —y otra de ironía— para creer que la cultura puede sostenerse desde la obstinación cotidiana, desde una llamada telefónica, desde una furgoneta cargada de cajas hasta el techo.
La mecánica es simple, casi subversiva en su sencillez: libros viejos o nuevos, leídos o no, recogidos gratis, incluso a domicilio. Después, almacenados y catalogados en su local de San Blas. Desde allí, el viaje continúa hacia bibliotecas públicas, colegios y asociaciones, lugares donde el presupuesto para libros suele ser una palabra triste y corta. Cuando un título no encaja, no se tira: se deriva a librerías de segunda mano o a particulares. Aquí nada se desperdicia. Aquí nada se desprecia.
La Hormiga Poeta no idealiza el libro como objeto sagrado. Lo trata como lo que es: una herramienta. Una necesidad básica. Un derecho cultural que, en demasiados barrios y colegios, sigue siendo un lujo. Por eso su discurso no es romántico, es político en el sentido más incómodo de la palabra: hacer cuando los recursos no llegan.
Su ambición tampoco se disfraza de falsa modestia. Empiezan en Alicante, continúan por la provincia y sueñan con llegar a toda España. No prometen fechas ni milagros. Todo dependerá de las donaciones, de la capacidad de acogida de las bibliotecas… y, como ellos mismos admiten, de su energía. Esa palabra que casi nunca aparece en los presupuestos.
Este jueves 5 de febrero, La Hormiga Poeta vuelve a abrir sus puertas, como ya es costumbre, todos los jueves de 17:00 a 19:00. Regresan con libros “nuevos” —adecentados, ordenados como se ha podido—, con hojas de petición para quien busca un título concreto y con una promesa sencilla: si lo encontramos, te llamamos. Habrá café, habrá papeles en regla (una carpeta entera, nada menos), alguna sorpresa y la búsqueda eterna del cerdito-hucha perfecto para pagar el alquiler y la licencia de apertura. Reírse también forma parte de la resistencia.
Los libros son gratis. Todos. Cuantos más te lleves, más podrán reponer. No hay trampa. Solo una lógica implacable: los libros necesitan lectores tanto como los lectores necesitan libros.
La Hormiga Poeta no salva el mundo. No pretende hacerlo. Pero en una ciudad donde la cultura suele sobrevivir a base de voluntarismo, este proyecto recuerda algo esencial: que el abandono no es inevitable, que el reciclaje puede ser un gesto político y que, a veces, una hormiga basta para demostrar que todavía hay poesía en el acto de compartir.
Contacto
Recogida gratuita de libros y enseres de papel: narrativa, poesía, cómic, enciclopedias, fascículos, recortables…
📞 +34 625 67 48 59
✉️ lahormigapoeta@gmail.com
Los libros no mueren. Solo esperan que alguien decida no dejarlos atrás.



















Deja una respuesta