
Hay programas que nacen discretos, casi tímidos, como quien no quiere molestar. Y otros que, sin levantar la voz, terminan cambiando el pulso de una ciudad. Cultura en Barrios pertenece a esa segunda categoría.
Cumple diez años. Diez. Una cifra redonda que obliga a mirar atrás y preguntarse qué ha pasado en este tiempo en Alicante, en sus plazas, en sus centros sociales, en sus bibliotecas que resisten como faros cansados. El programa comenzó su andadura en septiembre de 2016. Desde entonces, campaña tras campaña, se ha convertido en una pieza clave de la política municipal para llevar la cultura allí donde a menudo no llega: al barrio. No al gran escenario. No al auditorio solemne. Al barrio. Y de manera gratuita.
Y eso, en estos tiempos, es casi una declaración ideológica. Aunque de Simón a Beldjilali eso haya cambiado… Lo que sigue igual es la frescura de las propuestas, más de 65 entre marzo y junio con teatro, música, cuentos, talleres, literatura, proyecciones audiovisuales.
Y esta acumulación variadada y descentralizada gusto —sí, da gusto— como lo da ver en un mismo programa nombres como el MUA, el MACA, el MARQ o el Museo de Aguas compartiendo espacio simbólico con bibliotecas de barrio y centros sociales que, demasiadas veces, han vivido infrautilizados. Porque al compararlos, también tenemos argumentos para reclamar más inversión, más libros en las bibliotecas, o todos espacios de ensayo (y error) que reclaman nuestros artistas.
En los tiempos que corren reivindicar las bibliotecas es casi un acto de resistencia. Llevan años dejadas de la mano de Dios. Y, sin embargo, ahí están: sosteniendo clubes de lectura, talleres de animación lectora, actividades infantiles que siembran algo más que entretenimiento.
Lo mismo ocurre con los centros sociales. Escenarios con potencial, con vida propia, esperando que alguien los despierte. Bienestar y cultura deberían caminar más juntos de lo que lo hacen. No como departamentos estancos, sino como vasos comunicantes. Porque la cultura no es solo espectáculo: es salud emocional, es pertenencia, es comunidad.
Programas que laten
Bajo la marca Cultura en Barrios conviven distintas líneas de acción que definen su ADN:
- ANEM A LA BIBLIO, con actividades culturales y de animación a la lectura en las bibliotecas.
- MENUTSBARRIS, muestra de artes escénicas y músicas para la infancia y juventud.
- ESCENA D’ACÍ, foco en las artes escénicas y músicas locales.
- VISUALCBARRIS, proyecciones audiovisuales para generar debate y conversación.
- SENTIMBARRIS, iniciativas culturales de carácter aficionado y comunitario que ponen en valor el trabajo artístico desarrollado en los centros sociales y espacios barriales.
La programación se desarrolla gracias a la colaboración entre la Unidad de Animación Cultural, la Unidad de Intervención Comunitaria, el Departamento de Igualdad, la Unidad de Bibliotecas Municipales y la Banda Sinfónica Municipal, con el apoyo del Ayuntamiento de Alicante, la Diputación Provincial, Aguas de Alicante, la Universidad de Alicante y el Pacto de Estado contra la Violencia de Género del Ministerio de Igualdad.
Es una red. Y se nota.
La infancia saturada, la adolescencia invisible
Pero no todo es celebración. También hay sombras. La programación infantil está, desde hace años, saturada. Hay oferta. Mucha. Y eso está bien. El problema es el espacio intermedio: los jóvenes de 12 a 18 años. Sí, tienen oferta deportiva. Sí, existen iniciativas puntuales. Pero entre la retirada del transporte gratuito para ellos y una cultura que rara vez piensa en descuentos o propuestas específicas para ellos, se abre un vacío preocupante.
Justo cuando más importante es fundamentar el criterio, el gusto por el arte, la mirada crítica. Justo cuando más vulnerables son a la indiferencia cultural. Juventud y el Centro 14 tienen una visibilidad menor en el programa de lo que cabría esperar. Y eso debería hacernos reflexionar.
El dilema de las entradas gratuitas
Hay otra queja, más práctica, pero no menos significativa: las entradas. Al ser gratuitas y con posibilidad de reserva online en alicantesociocultura.eventbrite.es (disponibles unas dos semanas antes de cada evento, hasta cuatro por persona —tres en el caso de bibliotecas—), se agotan con rapidez. Y, sin embargo, no siempre se llenan los espacios.
El reproche no es para la organización, que envía recordatorios y facilita el acceso. Es para ese público que reserva y no asiste. Que no cancela. Que no avisa. En un programa gratuito, el compromiso del espectador es el único precio simbólico que se paga. Y cuando ese compromiso falla, falla la cadena completa.
Quizá sea momento de pensar en un mayor control. O incluso en una penalización para quien no utiliza sus invitaciones. La gratuidad no puede convertirse en banalidad.
Normas y responsabilidad compartida
El acceso requiere cumplir las normativas sanitarias y de acceso vigentes. Se recomienda llegar con antelación; una vez iniciada la actividad, no se permite el acceso. Está prohibido grabar o portar bebidas y comidas. La edad mínima es de 3 años, salvo excepciones específicas, y los menores de 12 deben ir acompañados por un adulto.
Son normas. Pero también son un recordatorio: la cultura compartida exige responsabilidad compartida.






















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