
Alicante vivió los días 03 y 04 de abril una de esas citas que explican bien por dónde se mueve ahora el directo en España. Costa Sonora reunió a miles de personas en torno a un cartel claramente enfocado al urbano, en un formato que funciona y que conecta con su público sin necesidad de artificios. El Muelle Live, abierto y con el Castillo de Santa Bárbara al fondo, terminó de redondear una estampa ya reconocible.
Desde primera hora, el ambiente fue constante y creciente, sin grandes altibajos entre tarde y noche. El público —mayoritariamente joven— respondió en cada franja, sosteniendo una energía que no decayó en ningún momento. No hubo sensación de festival que arranca tarde: aquí la gente llegó pronto y se quedó hasta el final.
Los nombres principales cumplieron con lo esperado, cada uno en su registro. Kidd Keo firmó uno de los directos más completos del fin de semana, apoyado en una puesta en escena potente y colaboraciones que reforzaron el show. Yung Beef cerró con ese estilo propio que sigue generando conexión directa con su público, sin necesidad de grandes recursos.
El resto del cartel mantuvo el nivel y confirmó el buen momento de la escena. Metrika, La Pantera, D. Valentino o MVRK ofrecieron actuaciones sólidas, bien recibidas por un público que conocía los repertorios y respondió en consecuencia. No hubo fisuras importantes en la programación: el festival fue de menos a más sin perder ritmo.
También hubo espacio para quienes vienen empujando desde abajo. La propuesta de Costa Emergentes volvió a dar visibilidad a nuevos nombres como Chacoma o Lewis Potter, integrándolos dentro del flujo del festival sin convertirlos en un apartado aislado.
El recinto funcionó con comodidad y permitió seguir los conciertos desde distintos puntos sin sensación de saturación. La distribución y los servicios acompañaron, facilitando una experiencia fluida. Más que un festival masificado, se percibió como un evento bien dimensionado para el espacio.
Otro de los aciertos fue el modelo horario, que conecta el festival con la ciudad. Al terminar los conciertos, el público se desplazó hacia distintos locales de Alicante, alargando la experiencia más allá del recinto. Una fórmula que no rompe la dinámica urbana, sino que la integra.
En lo musical, el diagnóstico es claro. El urbano no es ya una tendencia: es el lenguaje dominante de toda una generación, y Costa Sonora lo recoge sin necesidad de justificarlo ni explicarlo. Simplemente ocurre.
Con esta segunda edición, el festival se consolida como una cita relevante dentro del calendario nacional, especialmente en el arranque de temporada. Sin necesidad de reinventar el formato, ha sabido afianzarlo y responder a lo que su público espera.
Dos días, en definitiva, que dejan una conclusión sencilla: cuando la propuesta es clara y el público responde, el resto fluye solo.




















Deja una respuesta