
Pasa más tiempo averiado que funcionando. Y ya ni siquiera sorprende. El ascensor del Castillo de Santa Bárbara vuelve a cerrar esta misma semana, de lunes a viernes, para una nueva “modernización”. Otra más. Otro ajuste técnico con nombre futurista que promete arreglar lo que nunca termina de funcionar.
Si te lo tomas con ironía: subir andando es más barato, más práctico y que la salud lo agradece. Alicante, al menos, no necesita gimnasio para hacer piernas. Pero mirado desde el lado turístico —ese que tanto cuidan el Patronato y Esatur en los folletos— la imagen dice poco. O dice demasiado.
La infraestructura que da acceso al monumento más visitado de la ciudad permanecerá cerrada entre semana, aunque este fin de semana todavía estará operativo. Un breve espejismo de normalidad antes del cierre programado, convenientemente acompañado por el refuerzo de lanzaderas: de una a tres por franja horaria. Como si el problema fuera de logística y no de fiabilidad.
La explicación oficial habla de sustitución de piezas internas por otras de nueva generación. Una frase que en Alicante empieza a sonar a género literario propio, casi al realismo mágico municipal. Porque el ascensor lleva años pasando más tiempo en comunicados que en funcionamiento.
Y por si alguien piensa que se trata de una excepción, basta con recordar que el ascensor del Postiguet también está roto. Otro acceso turístico, otra avería persistente, otra postal que chirría. La ciudad del sol y la playa se va quedando como la ciudad de los ascensores parados.
Subir andando tiene su épica, sí. Pero una ciudad que aspira a tomarse en serio el turismo internacional no puede basar su accesibilidad en la resignación del visitante ni en su fondo físico. Modernizar está bien. Tener que anunciarlo cada pocas semanas, no tanto.



















Deja una respuesta