• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
Quefas

Quefas

  • INICIO
  • AGENDA
  • ¿DÓNDE ESTÁS?
    • ALACANTÍ
    • ALICANTE CIUDAD
    • ELCHE
    • L´ALCOIÀ
    • LES MARINES
    • VEGA BAJA
    • VINALOPÓ
  • ¿QUÉ BUSCAS?
    • ARTE
      • exposiciones
    • CINE
      • Cartelera de Cine de Alicante
      • estrenos
      • series
    • ESCÉNICAS
    • LETRAS
    • MÚSICA
      • EL BUEN VIGÍA
      • FESTIVALES
    • NENICXS
    • SOCIAL
    • TURISMO
      • GASTRONOMÍA
      • Rastros y mercadillos
      • Visitas
  • REVISTA
    • CRÓNICAS
    • DESTACADOS
    • NOTICIAS
    • NOTICIAS CULTURALES
    • OPINIÓN
  • CONTACTO
    • Contacta con nosotr@s
    • Envíanos tu evento
    • Envíanos tus novedades
    • Envíanos tus cartas al director
    • TARIFAS de quefas.es
  • RRSS y SUSCRIPCIONES

El árbol genealógico que desmiente a los racistas en 5 puntos

17 de noviembre de 2025 por Jon López Dávila Deja un comentario

Todavía hay quien sostiene la idea —vieja, gastada y científicamente insostenible— de que pertenece a una categoría humana superior. Personas convencidas de que su origen, su apellido o el color de su piel les otorga un mérito intrínseco. Es una ficción peligrosa, pero sobre todo frágil. Basta retroceder unas cuantas generaciones para verla desmoronarse.

1. El árbol que nos sostiene

Para que cualquier persona esté viva hoy, tuvieron que coincidir miles de historias previas. No hablamos solo de dos padres, ni de cuatro abuelos. El cálculo es conocido: 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos, 32 trastatarabuelos… una secuencia que, sobre el papel, se duplica hacia atrás hasta alcanzar cifras imposibles.

Y sin embargo, ese árbol no es tan perfecto como la matemática sugiere. Las ramas se encuentran, se mezclan, se repiten. Lo que en biología se llama colapso genealógico no es más que el recordatorio de que los seres humanos hemos convivido, migrado, comerciado, amado y sobrevivido siempre en contacto directo unos con otros. Nunca aislados. Nunca “puros”.

2. El espejismo de la separación

Es aquí donde la sociología aporta una perspectiva incómoda para quien insiste en dividir a la humanidad en compartimentos estancos. Si retrocedemos lo suficiente —y no hace falta ir muy lejos— nos topamos con un hecho contundente: los europeos actuales ya compartíamos antepasados hacia el año 1400. La población mundial era demasiado reducida para permitir linajes independientes entre sí.

Esto no es una anécdota: es una realidad histórica. Tus ancestros y los míos, si avanzamos unas cuantas generaciones atrás, circulaban por los mismos caminos de tierra, comerciaban en los mismos mercados o escuchaban las mismas campanas. Y lo mismo ocurre con cualquier persona que el racista de hoy mire con recelo desde la distancia del prejuicio.

En palabras más simples: no existe ese “ellos” que algunos se empeñan en imaginar. Al retroceder, solo hay un “nosotros”.

3. Lo que dice la ciencia

Estudios como los del matemático Joseph Chang (Universidad de Yale, 1999) lo confirmaron con una precisión incómoda:

  • El antepasado común más reciente de toda la humanidad vivió hace entre 2.000 y 5.000 años.
  • Y alrededor del año 1 d.C., cualquier persona del planeta que haya dejado descendencia viva hoy es, literalmente, antepasada de todos nosotros.

Nadie queda fuera de esa ecuación. Nadie ocupa un peldaño superior. El linaje humano no es una escalera: es una red.

4. La lección que algunos siguen sin querer ver

Por más que ciertos discursos intenten revivir ideas de supremacía, la evidencia —biológica, histórica y demográfica— es insistente: descendemos de las mismas raíces.

La diversidad que hoy nos distingue no es una muralla, sino el resultado natural de siglos de mezcla, movimiento y convivencia Así pues, la arrogancia racista nace del olvido. Del olvido de que la identidad humana es una construcción compleja, tejida con miles de hilos que no se detienen ante fronteras actuales ni prejuicios modernos.

5. Una verdad difícil de rebatir

Cuando alguien se cree mejor que el otro por su color de piel, su origen o su cultura, no está defendiendo una superioridad real. Está defendiendo una ilusión.

La genealogía lo desmiente.
La historia lo desmiente.
La ciencia lo desmiente.
Y la sociología, con su mirada amplia, nos recuerda algo esencial: ningún ser humano es una isla; todos somos consecuencia de los mismos movimientos colectivos.

Si retrocedes lo suficiente, descubrirás que quienes desprecias también están en tu propio árbol.
Que sus ramas alcanzan las tuyas. Que tu historia y la suya, en algún punto, se tocaron.

Y quizá ahí esté la lección que necesitamos repetir más a menudo: nadie es más que nadie. Y todos venimos del mismo lugar: de la humanidad compartida que nos hizo posibles.

Publicado en: noticias breves, Psicología - Sociología, REVISTA, SOCIAL, WORLD




Síguenos en whatsapp
Síguenos en Telegram

Entradas recientes

  • ¿Qué vas a hacer hoy MARTES en la provincia de Alicante?
  • Retrokult convierte Alicante en un aula de cine clásico, terror y cultura pop con un ciclo que va de Hitchcock a Carpenter
  • Alicante abre ayudas culturales con un montante global de 100.000€
  • El Paranimf presenta su programación de artes escénicas para el segundo cuatrimestre
  • Las Cigarreras abre la convocatoria Buitbox 2026 para proyectos culturales en fase de desarrollo

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Quefas © 2026

X