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Atronador Fest 2026: cuando un festival todavía puede sonar distinto

14 de septiembre de 2026 por Jon López Dávila Deja un comentario

En un calendario cultural cada vez más saturado de festivales que comparten nombres, fórmulas y hasta maneras de presentarse, que una propuesta consiga resultar verdaderamente distinta empieza a ser una anomalía. Atronador Fest lleva diez ediciones instalado precisamente ahí: en el margen, en el riesgo y en todo aquello que no encaja con facilidad en las categorías habituales de programación.

Los días 25 y 26 de septiembre, el Centro Cultural Las Cigarreras de Alicante volverá a acoger un encuentro dedicado a la música experimental, la electrónica no normativa, el noise, el arte sonoro, la performance y las prácticas audiovisuales. La entrada será gratuita y el programa combinará actuaciones, creación sonora y pensamiento alrededor de escenas que rara vez encuentran una presencia estable en los circuitos convencionales.

La diferencia no está únicamente en los géneros. De hecho, reducir Atronador a “un festival de música experimental” sería quedarse corto. Su singularidad reside en la forma en que entiende la programación: no como una acumulación de artistas pensados para maximizar asistencia, sino como un territorio de exploración. Mientras buena parte del circuito festivalero se mueve hacia la homogeneización, Atronador construye su identidad precisamente desde lo que no resulta inmediato, desde propuestas que pueden incomodar, exigir atención o incluso descolocar al espectador.

Esa actitud tiene especial valor en una ciudad donde la oferta musical más visible suele responder a parámetros mucho más previsibles. Atronador juega en otro terreno. Aquí importan tanto el sonido como la experimentación escénica, los cruces entre disciplinas o la propia posibilidad de que una actuación sea difícil de clasificar.

El programa de esta décima edición es buena prueba de ello. El viernes 25 comenzará en el Secadero con la presentación de Ecos desde los márgenes, de Roberto Vilela, un libro que aborda las arqueologías y futurismos del sonido experimental y las artes performativas extremas desde perspectivas feministas y anticoloniales. Después llegarán Madrelarva, Orfeón Gagarin y Jana Jan, antes de que We Are Not Brothers traslade la actividad a la Caja Negra.

El sábado 26 arrancará con una de las actividades que mejor resumen el espíritu del festival: la cuarta edición del ya tradicional Muro del Ruido, un concurso que ya se ha convertido en una de sus señas de identidad. La jornada continuará con Isabel Do Diego, Genoveva Ferrocide y sealn en el Secadero, mientras que Structweird y el estadounidense Baseck cerrarán la programación en la Caja Negra. El cartel reúne proyectos de Alicante y Alcoy, pero también propuestas procedentes de Bilbao, Córdoba, Madrid, Barcelona, Italia y Estados Unidos.

Más que buscar grandes nombres, Atronador parece interesado en construir conexiones. Genoveva Ferrocide, por ejemplo, trabaja entre sonido, escultura, performance y visuales en vivo, combinando materiales reciclados, resistencia analógica y experimentación digital en un proyecto donde cuerpo, máquina y ritual terminan formando parte de una misma experiencia. Es exactamente ese tipo de práctica difícil de encajar en los géneros tradicionales la que define el carácter del festival.

También resulta significativa la presencia de Orfeón Gagarin, We Are Not Brothers o Baseck junto a propuestas menos conocidas para el público general. No existe aquí la clásica estructura de cabezas de cartel acompañadas por nombres secundarios, sino una programación horizontal en la que cada proyecto funciona como una pieza de un discurso mayor. La propia distribución entre el Secadero y la Caja Negra refuerza esa sensación de recorrido, casi de laboratorio sonoro, antes que de simple sucesión de conciertos.

Atronador ocupa además un espacio cultural necesario porque permite que exista aquello que normalmente queda fuera de foco. En una industria obsesionada con las métricas, las reproducciones, la capacidad de convocatoria y la rentabilidad inmediata, programar música experimental supone aceptar que no todo tiene por qué resultar cómodo ni masivo. Hay propuestas que necesitan tiempo, curiosidad y un público dispuesto a escuchar sin saber exactamente qué va a encontrar.

Ese es probablemente uno de los mayores méritos del festival después de diez ediciones: haber creado una comunidad alrededor de la incertidumbre. Su lema de este año —“No buscamos el consenso. Buscamos la escucha”— sintetiza bastante bien esa filosofía.

También hay algo político, aunque no necesariamente partidista, en sostener durante una década un espacio de estas características. Defender prácticas artísticas minoritarias significa cuestionar la idea de que el valor cultural depende exclusivamente de la cantidad de público que atraen. Significa aceptar que una ciudad necesita igualmente espacios para aquello que todavía no ha sido domesticado por el mercado.

Quizá por eso la gratuidad tiene aquí un sentido especialmente interesante. No funciona únicamente como reclamo, sino como herramienta de acceso: permite acercarse a propuestas que muchas personas probablemente no comprarían a ciegas. Al mismo tiempo, la propia organización reconoce que mantener esa gratuidad y una programación independiente se ha vuelto cada vez más difícil y que la continuidad del festival depende también del apoyo del público.

Esa fragilidad dice bastante sobre nuestro ecosistema cultural. Los proyectos más singulares suelen ser precisamente los que más dificultades encuentran para consolidarse, mientras las fórmulas más previsibles cuentan con estructuras económicas mucho más sólidas. Por eso celebrar diez ediciones de Atronador no es un detalle menor.

En tiempos de carteles intercambiables, el festival alicantino sigue defendiendo algo tan sencillo y tan raro como una identidad propia. No pretende gustar a todo el mundo, ni falta que hace. Su valor está precisamente en lo contrario: ofrecer un lugar a sonidos, lenguajes y artistas que todavía conservan la capacidad de sorprender.

Y en 2026, que un festival pueda decir eso ya es mucho.

Publicado en: ALICANTE CIUDAD, destacado, destacados FUTUROS, festivales de música, MÚSICA, noticia cultural, noticias breves, Noticias de festivales, REVISTA




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