
Más de 400 personas participan en una iniciativa que acerca historias y experiencias a los lectores, pero 114 colectivos vecinales y entidades exigen recuperar los espacios abandonados, ampliar las plantillas y garantizar recursos para toda la red municipal.
La Biblioteca Central de Florida-Babel ha acogido este viernes una nueva edición de la Biblioteca Viviente, una actividad organizada con motivo del Día Mundial de las Bibliotecas que ha reunido a más de 400 participantes entre «libros vivientes» y oyentes. La propuesta permite escuchar en primera persona las experiencias de integrantes de asociaciones y miembros de los cuerpos policiales, una iniciativa valiosa para fomentar el encuentro, la escucha y el conocimiento mutuo. Sin embargo, la jornada llega en un momento en el que el estado de las bibliotecas municipales de Alicante sigue generando malestar y reivindicaciones vecinales.
En esta edición han participado estudiantes del colegio Gabriel Miró y de los institutos Bahía Babel y Figueras Pacheco, que han podido conversar con representantes de entidades como ADACEA, ONCE y ADEMA, además de policías nacionales y locales. La actividad continúa por la tarde en la biblioteca de Florida-Babel y pone de relieve el potencial de estos espacios como lugares de aprendizaje, convivencia y participación ciudadana.
Pero celebrar las bibliotecas durante un día no basta cuando parte de la red municipal permanece cerrada o arrastra problemas de funcionamiento. La situación de la Biblioteca Juan XXIII, abandonada y sin una perspectiva clara de recuperación, se ha convertido en símbolo de una política bibliotecaria que deja a barrios enteros sin un servicio público esencial. Su deterioro constituye una pérdida que va más allá de los libros: supone debilitar espacios de encuentro, acceso a la cultura, estudio y cohesión vecinal.
La reivindicación se ha plasmado en un manifiesto respaldado por 114 colectivos y entidades vecinales de Alicante, que reclaman la recuperación y el fortalecimiento de las bibliotecas municipales y de la Biblioteca Pública Azorín. Entre sus demandas figuran la reapertura de los centros cerrados, la dotación de personal profesional suficiente y un presupuesto que permita atender las necesidades de todos los barrios y partidas de la ciudad.
Las entidades piden un calendario público para recuperar la Biblioteca Juan XXIII y la Francisco Liberal, en Ciudad de Asís, cerrada desde hace más de dos años. También reclaman horarios continuos para las bibliotecas de El Pla y Los Ángeles, una plantilla de al menos treinta personas para la red municipal, acceso todos los días de la semana y la adaptación de estos espacios como refugios climáticos.
Las carencias afectan también a bibliotecas que permanecen abiertas. En San Blas, por ejemplo, se han señalado problemas de accesibilidad en la sala infantil y los aseos, además de un escalón en la entrada. Son obstáculos que evidencian que garantizar el servicio no consiste únicamente en mantener las puertas abiertas, sino también en asegurar que los espacios sean accesibles y respondan a las necesidades reales de la población.
La Biblioteca Viviente demuestra que existe interés ciudadano por las bibliotecas y por las actividades culturales que se desarrollan en ellas. Pero esa participación necesita una política sostenida que la acompañe. Las bibliotecas son infraestructuras fundamentales para el desarrollo de los barrios: ofrecen recursos educativos, facilitan el acceso igualitario a la cultura, ayudan a combatir la soledad y proporcionan espacios públicos de convivencia.
La iniciativa de Florida-Babel merece continuidad, pero no puede servir para ocultar las carencias de la red. Alicante necesita algo más que jornadas conmemorativas: necesita bibliotecas abiertas, accesibles, dotadas de personal y presupuesto, y un compromiso concreto para recuperar las que siguen cerradas. Mientras la ciudad celebra sus «libros vivientes», la Biblioteca Juan XXIII permanece como una elegía a un servicio público enterrado por el abandono institucional.















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