
A veces, en Alicante, el patrimonio parece conservarse mejor bajo tierra que en superficie. El subsuelo, paciente y discreto, lleva siglos haciendo una labor de custodia que no siempre encuentra el mismo entusiasmo cuando asoma la cabeza. Literalmente, en este caso.
Las obras de regeneración de la playa de la Almadraba han sacado a la luz una pieza excepcional: una cabeza romana de mármol blanco, posiblemente una representación de Venus, datada de forma preliminar entre los siglos I y II d. C.. Un hallazgo de enorme valor arqueológico que podría convertirse en uno de los descubrimientos escultóricos romanos más importantes realizados en Alicante y su provincia.
La pieza apareció durante los trabajos arqueológicos vinculados a la reurbanización del entorno de La Almadraba, una zona ya conocida por su riqueza patrimonial y por la presencia de restos relacionados con una villa romana vinculada al territorium de Lucentum. Como ocurre tantas veces, hubo que remover el suelo para que la ciudad recordara que no empieza en el asfalto ni termina en la postal turística.
El busto mide 22,22 centímetros de alto y 19,78 de ancho y presenta un notable estado de conservación. Según la primera valoración técnica, se trata de una cabeza de gran calidad artística, realizada en mármol blanco, que pudo formar parte de una escultura destinada a decorar una vivienda de una familia acomodada de época romana. No sería, por tanto, una pieza menor ni un resto cualquiera, sino un objeto asociado al gusto, el prestigio y la vida doméstica de las élites de Lucentum.
Uno de los elementos más significativos es su peinado, de clara influencia helenística: cabello ondulado, raya en medio y recogido hacia atrás, siguiendo modelos idealizados de divinidades femeninas como Afrodita en el mundo griego o Venus en el romano. A falta de estudios más exhaustivos, el estilo y el contexto arqueológico sitúan la escultura en época altoimperial, entre los siglos I y II después de Cristo.
La posible identificación con Venus no es un detalle menor. En el imaginario romano, Venus no era solo la diosa del amor, la belleza y la fertilidad, sino también una figura vinculada al origen mítico del pueblo romano. Su presencia en una villa del entorno de Lucentum hablaría de una sociedad romanizada, conectada culturalmente con los gustos artísticos del Imperio y con capacidad para incorporar piezas de notable calidad a sus espacios privados.
El hallazgo se suma a otros restos documentados en La Almadraba, donde las excavaciones han permitido localizar cimentaciones de viviendas, estancias de una villa romana de carácter marítimo, abundante cerámica y monedas de época romana. La zona ya había sido objeto de catas arqueológicas en 2009, pero los trabajos actuales están ampliando el conocimiento sobre un enclave que pudo estar activo durante varios siglos, entre el III a. C. y el IV d. C.
Todo ello refuerza una evidencia que Alicante no siempre ha sabido mirar de frente: su patrimonio arqueológico no es un adorno, sino una estructura profunda de la ciudad. Lucentum, La Albufereta, La Almadraba y su entorno no son simples notas a pie de página para folletos turísticos, sino piezas esenciales para entender la historia de Alicante antes de Alicante.
La aparición de esta cabeza romana debería servir para algo más que para una fotografía institucional y unas cuantas frases solemnes. Debería abrir una reflexión seria sobre la conservación, la investigación y la puesta en valor del patrimonio arqueológico de la ciudad. Porque cada hallazgo importante recuerda lo mismo: Alicante tiene bajo sus pies una historia extraordinaria, aunque a veces parezca empeñada en caminar sobre ella sin mirar demasiado.
Las obras van para largo y la excavación continúa bajo la supervisión del departamento municipal de Patrimonio Integral y con la intervención de la empresa especializada Arpa Patrimonio. Ahora queda lo fundamental: estudiar la pieza, contextualizarla adecuadamente, garantizar su conservación y, sobre todo, hacer que la ciudadanía pueda conocerla. Porque el patrimonio no se protege solo cuando aparece: se protege cuando se entiende, se explica y se incorpora a la vida cultural de la ciudad.
De momento, el subsuelo ha vuelto a cumplir. Ha guardado durante casi dos mil años una pequeña joya de mármol blanco y la ha entregado en buen estado. No está mal para un lugar al que nadie le había encargado formalmente la conservación del patrimonio. Quizá convendría tomar nota. O tomárnoslo como una señal de que hay que usar más LA CABEZA.
















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