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Ana Bonmatí y el comienzo de una nueva etapa para el IVC en Alicante

20 de mayo de 2026 por Jon López Dávila Deja un comentario

Todo relevo obliga a una doble lectura: la despedida de una etapa que deja huella y la posibilidad de abrir ventanas nuevas. La llegada de Ana Bonmatí como nueva delegada territorial del Institut Valencià de Cultura en Alicante se produce, inevitablemente, con una referencia clara: Alicia Garijo deja el listón alto. No solo por su trabajo al frente de la delegación, sino por una forma de entender la cultura desde el compromiso, la convicción y la defensa sostenida de la función pública de las artes.

Por eso, quizá el primer reto de Bonmatí no sea romper con lo anterior, sino saber heredar lo que ha funcionado y aportar una mirada propia. En ese sentido, su procedencia universitaria puede ser un elemento interesante. Que venga de la Universitat de València puede favorecer una visión más transversal, menos encerrada en la programación como simple calendario y más atenta a la cultura como red, mediación, formación y vínculo social.

Esa fue una de las ideas que sobrevoló el desayuno informativo celebrado con la prensa, en el que el director general del Institut Valencià de Cultura, Álvaro López-Jamar, presentó oficialmente a la nueva delegada territorial. En el encuentro participaron también la directora adjunta de Artes Escénicas, María José Mora; el director adjunto de Audiovisuales y Cinematografía, Luis Gosálbez; y la directora adjunta de Música y Cultura Popular Valenciana, Beatriz Traver, en una comparecencia planteada como toma de contacto y respaldo institucional a esta nueva etapa.

Si algo pudo extraerse de ese primer encuentro es que la intención del IVC pasa por ir más allá de lo que ocurre dentro del Teatre Arniches. Y eso, en Alicante, es una buena noticia. Lo será especialmente si la nueva delegación logra encontrar una fórmula capaz de conectar teatros, museos, casas de cultura, ayuntamientos, Diputación, compañías, creadores y públicos. Es decir, si consigue que la vertebración cultural de la provincia deje de ser una expresión bienintencionada para convertirse en una práctica real (y profesional).

López-Jamar insistió en la idea de servicio público cultural de calidad, alejado de una lógica estrictamente comercial. Llegó a poner como ejemplo el modelo de La 2 de RTVE: calidad, constancia y apuestas que quizá no buscan el impacto inmediato, pero sí construyen criterio, hábito y ciudadanía cultural. Esa concepción del IVC como espacio de programación, confianza, continuidad y riesgo resulta especialmente necesaria en una provincia donde el margen de mejora sigue siendo más que evidente.

El director general habló también de la necesidad de mejorar la repercusión y la imagen del IVC en Alicante, fortalecer la relación con los gestores culturales y abrir procesos de consulta que permitan escuchar mejor al sector. En ese horizonte aparece una idea clave: Alicante no puede pensarse únicamente desde su capital ni desde los espacios ya consolidados. El reto está en generar conexiones, activar complicidades y hacer que el IVC tenga presencia real en todo el territorio.

La hoja de ruta parece mirar ya hacia 2027, con la dinamización de actividades culturales como uno de los objetivos y con la posibilidad de reforzar la propia delegación. También se mantiene un desafío urgente: buscar nuevos públicos y consolidarlos. No basta con programar bien. Hay que preguntarse quién entra, quién no entra, quién se queda fuera, qué barreras existen y qué papel puede desempeñar la mediación cultural en ese proceso.

En ese punto, el perfil de Ana Bonmatí puede ser determinante. Natural de Santa Pola, funcionaria de carrera de la Universitat de València, ha dirigido el Servicio de Cultura Universitària y cuenta con una trayectoria vinculada a la gestión cultural, la mediación, el patrimonio, la inclusión, el bienestar social, la docencia y la investigación. No llega desde un lugar ajeno a la cultura, sino desde una experiencia en la que la práctica cultural se entiende como algo más amplio que la exhibición de espectáculos.

Bonmatí planteó precisamente esa idea: la cultura como algo sustancial. El arte no como adorno, sino como una práctica que forma parte del desarrollo humano, de la salud mental y emocional, de la integración y de la convivencia. Una visión que, bien desarrollada, puede abrir líneas de trabajo muy necesarias en Alicante: divulgación, formación, mediación, educación y participación activa de los agentes culturales.

La nueva delegada ha sido prudente, como corresponde a quien apenas lleva una semana en el cargo. Ha hablado de escucha activa, diálogo y coordinación con creadores, gestores, administraciones y públicos. Según trasladó en el encuentro, le gustaría que el IVC Alicante fuera un centro de referencia para esos agentes y un espacio desde el que fomentar y visibilizar la participación de las compañías y creadores locales.

Esa voluntad de apertura tendrá que concretarse. Una de las herencias más valiosas de Alicia Garijo ha sido la línea educativa con colegios e institutos, una vía que Bonmatí parece dispuesta a mantener y ampliar. La conexión entre cultura y educación no debería ser un complemento, sino una de las columnas centrales del trabajo del IVC, especialmente si se quiere formar público de futuro y no limitarse a lamentar, dentro de unos años, que los jóvenes no acuden al teatro, al cine, a la danza o a la música en directo.

Ahí aparece una de las grandes preguntas: qué hacer con los jóvenes. No como consigna, sino como cuestión concreta. Qué lenguajes se les ofrecen, qué espacios se les abren, qué capacidad de participación real tienen y cómo se trabaja con los centros educativos, la universidad, las compañías emergentes, los festivales y las iniciativas que ya existen en el territorio.

También habrá que ver cómo se articula la relación con Alicante desde una estructura cultural cuya dirección general se sitúa en València. Esa conexión puede ser una ventaja si sirve para tender puentes; puede ser un problema si reproduce inercias centralistas. La diferencia estará en la capacidad de escucha, presencia y decisión.

Alicante cuenta ya con un ecosistema cultural que no parte de cero: festivales como Circarte, MOVA o Abril en Danza – que forman parte de la actividad propia del Arniches, espacios vinculados a la escena contemporánea, la Filmoteca, la música, los proyectos educativos, las compañías locales, los circuitos municipales y una red de agentes culturales que llevan años sosteniendo programación, creación y públicos muchas veces con más voluntad que recursos. El IVC no tiene que inventarlo todo. Tiene que reconocerlo, coordinarlo, impulsarlo y asumir liderazgo cuando sea necesario.

El cambio, por tanto, puede ser positivo si no se queda en una mera sustitución nominal. Lo será si el IVC entiende Alicante no como una extensión administrativa, sino como un territorio con necesidades, talento y personalidad propia. Lo será si el Teatre Arniches sigue siendo un espacio de referencia, pero deja de ser el único centro gravitatorio de la acción cultural. Y lo será, sobre todo, si la nueva delegación consigue que la cultura pública sea más visible, más útil, más conectada y más compartida.

Ana Bonmatí llega con currículum, prudencia y un discurso que apunta en la dirección adecuada: escucha, mediación, participación, educación, integración y vertebración. Ahora falta lo más difícil: convertir esas palabras en estructura, programación, presencia territorial y alianzas reales.

Alicia Garijo deja una vara de medir exigente. Bonmatí tiene por delante la oportunidad de recoger ese legado y ampliarlo. Alicante necesita exactamente eso: continuidad en lo que ha funcionado, mirada nueva donde haga falta y una convicción clara de que la cultura no es un lujo ni una agenda de actos, sino una forma de construir provincia.

Y, por lo visto hoy, pinta bien.

Publicado en: en portada, ESCÉNICAS, noticia cultural, noticias breves, PROVINCIA DE ALICANTE, REVISTA, SOCIAL, VALENCIA Etiquetado como: IVC




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