
El próximo 12 de abril, a las 12:00h, Söda Bar acoge uno de esos conciertos que funcionan mejor a corta distancia. Chencho Fernández presenta en Alicante Meridiano de Greenwich (Happy Place Records, 2024), un disco que reafirma su manera de entender la canción como relato íntimo, sin perder pulso ni filo.
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No es un artista de impacto inmediato, sino de poso. Desde sus inicios en la escena sevillana —con bandas como Sick Buzos o Las Muñecas de la Calle Feria— hasta su consolidación en solitario, Fernández ha ido afinando una escritura que mezcla lo cotidiano y lo literario sin impostura. Aquello que en Dadá estuvo aquí (2015) sorprendía por su frescura y que en Baladas de Plata (2020) adquiría madurez, aquí se presenta más depurado, más consciente de sus silencios.
En Meridiano de Greenwich hay una cartografía emocional reconocible: amor, derrota, ciudad y memoria. Pero lo relevante no es tanto el qué como el cómo. Su forma de narrar —a medio camino entre la conversación y la poesía— sostiene canciones que funcionan por acumulación de detalles, por pequeñas imágenes que acaban construyendo atmósferas. No hay grandilocuencia, pero sí precisión.
Musicalmente, el disco sigue orbitando entre el rock de autor y la chanson, con una producción que prioriza la canción sobre el artificio. Las referencias —de Bob Dylan a Serge Gainsbourg— están ahí, pero nunca como cita explícita, sino como una tradición asumida. Fernández no revisita esos nombres: los incorpora a su propio lenguaje.
El formato de sala pequeña encaja especialmente bien con su propuesta. Söda Bar, en sesión matinal (aparte de un vermú alternativo), ofrece un contexto que favorece la escucha y el matiz, dos elementos centrales en su directo. No es un concierto para la épica, sino para la cercanía: canciones que ganan cuando el ruido baja y la atención sube.
Más que una presentación al uso, la cita apunta a una conversación abierta entre artista y público. Chencho Fernández no necesita grandes despliegues para sostener un directo: le basta con las canciones y una forma muy concreta de decirlas. Y ahí, precisamente, reside su singularidad.























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