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Crónica desde dentro: así nació, y fue, el primer Surfin Lucentum

26 de febrero de 2026 por Jon López Dávila Deja un comentario

(Aquí Endika, de Los Turanga y organizador de Surfin Lucentum junto a Simón Turanga y Alex de Santa Leonor).

  • Hoy, jueves, epílogo en Stereo con Les Robots y Ray Brandes & Wild Gooms INFO Y ENTRADAS

Como ya contó Jon en su crónica de la mañana, Porsaguera fueron los encargados de abrir el festival en el Soda Bar —mil gracias a Patri, estuvo genial— con una sesión matutina de surf y western que, por la acogida, dio completamente en el clavo. El bar estaba lleno. La gente respondió. Y nosotros, que montábamos nuestro primer festival sin saber muy bien qué podía pasar, no dábamos crédito: aquello estaba funcionando.

Después del arranque, compartimos un rato para comer con el grupo, ponernos al día sobre la escena surf y planear futuros asaltos. Porque no lo olvidemos: esa era la idea desde el principio. Tejer redes. Hacer escena.

Pero el día no había hecho más que empezar. Tocaba seguir. La siguiente parada era el Jendrix, donde teníamos que montar el concierto de Gutierrez Valenzuela. Además, hubo que llevar equipo extra por un imprevisto. Llegamos a la hora acordada, hicimos la prueba y, de nuevo, empezó a llenarse el local. Eran alrededor de las cinco de la tarde y el Jendrix estaba hasta los topes esperando al grupo. Otra vez, incredulidad.

El concierto arrancó con algo de retraso —pequeños fallos técnicos, nada fuera de lo normal— y quizá por eso, o porque parte del público esperaba algo más animado, se generó cierto murmullo durante la actuación. El volumen en el Jendrix no puede ser muy alto y la propuesta a dos guitarras de Gutierrez Valenzuela es sutil, delicada, una joyita como ya habíamos dicho. Sonaron muy bien. Sé que la gente estuvo a gusto. Mauri nos echó una mano en todo —gracias por todo— y se quedó contento.

Aun así, al tocar en formato semiacústico, me quedé con la sensación de que no lució como podría haberlo hecho. Quizá son manías de quien lo vive desde dentro. Sea como sea, el show debía continuar. A las siete tocaba devolver el equipo a Bramus y dejarlo todo listo para la noche.

La sesión nocturna era el último salto al vacío. Era la única parte del festival con entrada y hasta el último momento no sabíamos cuánta gente se animaría a comprarla. ¿Cuántos apostarían por un festival que nacía ese mismo día? Alex nos repetía que confiáramos, que “Alicante funciona así”, pero Simón y yo íbamos completamente a ciegas.

Montamos de nuevo el equipo y probamos con Los Boompats. Todo perfecto. Después, prueba rápida con Los Costones. Misma sensación: ganas de tocar y de hacerlo fácil. Cena encargada, músicos listos, maestro de ceremonias preparado. Sonaba música potente en el bar y, de repente, volvió a suceder.

La gente empezó a llegar. Conocidos, caras nuevas, quienes llevaban desde la mañana con nosotros y quienes aparecían por primera vez. El bar se llenaba. 3 de 3. Los que eran “caras que te suenan” se convertían en amigos de la noche. Nos presentaban a amigos de amigos. Y poco a poco surgía la magia: aquello empezaba a parecerse a una familia, a la famosa hermandad del rock’n’roll.

El maestro de ceremonias lo dejó claro: “Preparad vuestros zapatos para una descarga de garage y rock’n’roll, desde Alcoy llegan… ¡Los Boompats!”

Y rompieron el hielo que quedaba. Sigo desde hace años los pasos de Borja, su guitarra, desde su etapa de one man band, y da gusto ver cómo ha crecido el proyecto. Ahora, junto a Ulises a la batería y voces, están en muy buena forma: actitud, descaro, saltos, bromas, intercambio de instrumentos. Un bolazo. Nuevas generaciones haciendo buen rock’n’roll. Fue un lujo traerlos al primer Surfin Lucentum.

Tras ese primer baile ya sabíamos que aquello funcionaba. Ambientazo en la sala. Caras alegres. Buen rollo en la puerta. Dimos unos minutos de música mientras preparábamos el segundo grupo y pudimos salir a respirar.

Los Costones llegaban desde la Vega Baja. Yo conocía a su teclista, Pájaro, de mis tiempos en otros grupos por la zona, y ya tenía ganas de cruzar caminos. Como dije en Onda Tary, el festival debía contar con representación del underground de la Vega Baja, y esta era la ocasión perfecta.

En la pausa, mi hermano —maestro de ceremonias de la noche— me preguntaba cuándo debía presentarles. No hizo falta: tenían tantas ganas de tocar que arrancaron directamente. El festival empezó a rodar solo, algo que no habíamos previsto.

Su pop psicodélico, más templado que el garage anterior, ofreció un concierto largo, sin prisas, sonando muy bien y repasando sus trabajos. Bajaron un punto las revoluciones, algo que, después del estrés acumulado, nos vino perfecto también a nivel organizativo. Se quedaron contentos. Nosotros también.

Y entonces sí, llegó el momento de la verdad: Los Turanga.

Cuando concebimos el festival queríamos generar un contexto de grupos surf y afines. Y parecía que el público lo había entendido: el bar estaba lleno esperando surf.

Además, la noche tenía otro componente especial. Marcos, nuestro batería, había sufrido un percance dos semanas antes y tuvimos que buscar sustituto a contrarreloj. Pero algo está pasando en Alicante. Compartimos local con Luis (Las Chavalas), que toca con Bechamel Boys junto a Alex (Les Pickups), que a su vez es batería de Hyrels, donde estamos Simón y yo con Rick. Marcos toca teclados en Viscopaf y batería con Milton, que ensayan encima de nosotros. Y esto solo en nuestro círculo cercano. En Elche, Vega Baja, Benidorm… la escena hierve. Nuevas propuestas conviven con otras consolidadas. Jon tenía razón: hay más escena.

Encontrar sustituto no fue difícil. Tiramos de cercanía: Alex, batería de Hyrels. Mil gracias. Pilló el feeling surf enseguida y le añadió su pulso punk rock.

Llegamos al concierto cansados —yo, al menos, fundido— pero ya se sabe: primera canción y todo se pasa. Afinamos, prueba exprés y aquello ya estaba prendiendo. Cinco minutos para respirar y protocolo cumplido.

“Nos han dicho que esto es un festival de surf, pero aquí ha habido muchos cantantes… Prepararos, que vienen olas. ¡Los Turanga!”

Y ahí sí. Valió la pena cada ensayo, cada madrugón, cada carga y descarga. El bar quería surf. Quería bailar. El golpe punk de Alex, la tensión acumulada y las ganas del público convirtieron aquello en una auténtica fiesta. Desde dentro fue como la seda: canciones funcionando, gente bailando, grabando, pogos, el bar sin vaciarse. Pedían más. Y el hecho de tocar con sustituto, con solo tres ensayos, añadía ese punto de salto al vacío que hace especial el rock’n’roll.

Llegó “Misirlou”. Estoy un poco cansado de tocarla —resucitada en 1994 por Pulp Fiction tras su explosión en 1962— pero en un festival de surf es casi ley no escrita. Era nuestra responsabilidad. La lanzamos casi al final y aquello explotó.

Después invitamos al maestro de ceremonias y a Los Boompats para cantar “Rey de tablistas”, nuestro himno compartido desde Burrifornia. Cantar desgañitándonos por el suelo es un gran final de festival. Cerramos con “Los Turanga”, coreada por todo el bar. Pero no nos dejaban irnos. Salimos a por otra. “Longboarding Kantauri”, dedicada a Alfredo de Bilbao, cerró la noche por todo lo alto.

Abrazos, fotos, camisetas, discos, pegatinas. El postconcierto en Bramus fue precioso. Sin prisa. Trabajo hecho. Después, mi hermano y yo nos pasamos por Jendrix a ver la sesión de Bola, que cerraba la noche para los más valientes. Sentados aparte, bajando pulsaciones, saboreando lo vivido. Ya teníamos una historia que contar: el primer Surfin Lucentum.

La idea loca no era tan loca.

Acogimos a los grupos, les dimos de cenar, decoramos amplificadores con fotos de nuestros ídolos, recorrimos bares míticos de Alicante, presentamos el festival nosotros mismos y pusimos la música que nos flipa escuchar.

Un festival pequeño, en familia, donde todos ganáramos y todos estuviéramos a gusto haciendo lo que más nos gusta: tocar y bailar surf, garage y rock’n’roll.

El tiempo y quienes estuvieron allí dirán si lo conseguimos.

Hoy jueves cerramos en Stereo con el epílogo de Surfin Lucentum Vol. I: Les Robots y la incorporación de última hora Ray Brandes & Wild Gooms. Echaremos de menos al maestro de ceremonias, pero lo bailaremos igual.

Seguimos surfeando.
Nos vemos en los escenarios.
Salud.

PD: Gracias a Porsaguera, Gutierrez Valenzuela, Boompats, Los Costones y Los Turanga. A Alex Santa Leonor, Fani, Estrella, Iker, Maite, Alex Bonobo, Jorge técnico. A Patri (Soda), Mauri (Jendrix), Mariano (Bramus) y a todo su equipo. Y, sobre todo, a la gente que apostó por esta tabla loca de surf, baile y rock’n’roll.

Publicado en: ALICANTE CIUDAD, conciertos top, crónicas, festivales de música, MÚSICA, noticia cultural, noticias breves, REVISTA Etiquetado como: surf




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