
El desempleo ha descendido en la provincia de Alicante en 1.213 personas durante el mes de marzo, situando el total en 117.064 parados. Al mismo tiempo, la afiliación a la Seguridad Social ha alcanzado las 774.182 personas, con 11.663 cotizantes más. Son cifras positivas que, sin embargo, vuelven a estar ligadas al arranque de la temporada turística, un patrón que se repite año tras año.
El descenso del paro también se aprecia en términos interanuales, con 7.714 desempleados menos que en marzo de 2025. Pero la mejora sigue siendo frágil y estacional, condicionada por campañas concretas como la Semana Santa, lo que pone en duda la solidez del mercado laboral en la provincia.
El sector servicios, motor principal de la economía alicantina, concentra la mayor parte del empleo y también del descenso del paro, con 800 personas menos desempleadas. Esta concentración refuerza un modelo económico muy dependiente del turismo, que genera empleo pero también precariedad y falta de estabilidad a largo plazo. Otros sectores como la construcción o la industria también registran bajadas, aunque con menor impacto.
Persisten además desigualdades estructurales. El desempleo sigue afectando de forma mayoritaria a las mujeres, que representan más de 71.000 personas paradas, una brecha que, aunque se reduce ligeramente, continúa siendo significativa.
En cuanto a la contratación, se firmaron más de 40.000 contratos en marzo, con un aumento respecto al mes anterior. Aun así, el crecimiento del empleo no termina de romper con la dinámica de temporalidad y rotación asociada a las campañas turísticas, lo que limita la calidad del trabajo generado.
Más allá de los datos, la evolución del empleo en Alicante vuelve a poner sobre la mesa un problema de fondo. La provincia sigue apoyándose en un modelo económico poco diversificado, muy expuesto a la estacionalidad y sin una estrategia clara de transformación a medio y largo plazo, lo que impide consolidar una mejora estructural del mercado laboral.























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