
La escritora chilena se alza con el galardón en su 75.ª edición por La hora antes del alba, una continuación de su novela más célebre. Tras la polémica elección de Juan del Val en 2025, el premio vuelve a reconocer a una figura de indiscutible trayectoria literaria. En su discurso, Allende reivindicó la memoria frente al autoritarismo y advirtió del avance del fascismo y las amenazas a la democracia. Sergio Hernández fue elegido finalista con La añoranza.
Después de Juan del Val, bien está Isabel Allende. El Premio Planeta 2026 ha encontrado en la escritora chilena a una ganadora capaz de devolver el protagonismo a la literatura tras varias ediciones marcadas por el debate sobre el peso de la popularidad televisiva y los intereses comerciales en la elección de sus galardonados.
Allende, una de las autoras en español más leídas del mundo, ha ganado la 75.ª edición del premio con La hora antes del alba, una novela presentada bajo el seudónimo de Luz Ventura y el título provisional de Los que faltan. La obra recupera el universo de La casa de los espíritus, publicada en 1982, para continuar la historia de Alba, la nieta de la familia Trueba, cuya experiencia bajo la dictadura chilena marcaba el desenlace de aquella novela.
Más de cuatro décadas después, Allende vuelve a sus personajes para explorar la supervivencia, la memoria y las heridas de la represión política. Una ficción histórica que sitúa a las mujeres en el centro de un relato atravesado por la violencia, la maternidad y la resistencia.
Un discurso contra el olvido y el avance del fascismo
Pero uno de los momentos más significativos de la ceremonia celebrada en Barcelona llegó con el discurso de la escritora, que vinculó directamente su nueva novela con el contexto político internacional.
Allende recordó que abandonó Chile tras el golpe militar de 1973 y reconoció que la situación actual le provoca un temor semejante al de aquellos años. La escritora expresó su preocupación al observar «tantas democracias amenazadas por el fascismo», una realidad que devuelve una inquietante actualidad a las experiencias que atraviesan buena parte de su obra.
La autora explicó que durante años sus lectores le habían preguntado qué ocurrió con Alba después del final de La casa de los espíritus. En aquella historia, la joven sobrevivía a la violencia de la dictadura sin renunciar a su dignidad. Ahora, La hora antes del alba recupera su vida durante los años del terror y explora la fuerza que encuentra en la maternidad, el amor y la memoria familiar.
El regreso a ese universo literario no parece casual. Allende convierte de nuevo la ficción en una forma de preservar el pasado y advertir sobre los peligros de repetirlo. Un mensaje especialmente pertinente en un momento en el que el autoritarismo, la erosión democrática y la revisión interesada de la historia vuelven a ocupar el debate público.
Visiblemente emocionada, la escritora reconoció que no esperaba recibir el premio ni encontrarse con el auditorio en pie. También confesó que nunca había querido presentarse a concursos literarios, aunque a sus 84 años decidió aceptar el desafío.
La elección de Allende llega después de un periodo especialmente controvertido para el galardón, cuestionado por premiar a figuras con una destacada presencia mediática, como Sonsoles Ónega y Juan del Val.
El debate no es nuevo. El Planeta, dotado con un millón de euros para la obra ganadora, siempre ha combinado su dimensión literaria con una poderosa maquinaria editorial y comercial. Sin embargo, las últimas elecciones habían intensificado las críticas sobre sus criterios y su capacidad para reconocer la calidad narrativa.
La concesión del premio a Isabel Allende no elimina esa contradicción —pocas escritoras garantizan unas ventas tan elevadas como ella—, pero sí supone un cambio significativo respecto a la edición anterior.
Con más de 80 millones de libros vendidos, traducciones a más de cuarenta idiomas y una trayectoria que incluye títulos como Paula, Hija de la fortuna, El amante japonés o Largo pétalo de mar, Allende pertenece desde hace décadas al panorama literario internacional.
Su carrera ha sido reconocida con el Premio Nacional de Literatura de Chile, la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos y la Medalla de Honor del National Book Award, entre otras distinciones.
Sergio Hernández, finalista con una novela sobre el exilio
El premio finalista, dotado con 200.000 euros, ha recaído en Sergio Hernández por La añoranza, una novela presentada inicialmente como Los caminantes bajo el seudónimo de Martín Guerrero.
La historia comienza en la Barcelona de finales de los años cincuenta y combina una trama amorosa con un misterio inspirado en la figura de Antonio Machado y las heridas del exilio.
Hernández, procedente del mundo del cómic, dedicó el reconocimiento a quienes han encontrado en los libros una forma de salvación y una manera de entender la vida.
La edición de este año ha batido también su récord de participación, con 1.424 novelas presentadas, en una convocatoria que coincide con el 75.º aniversario de uno de los premios literarios de mayor repercusión comercial en lengua española.
Con todo, más allá del millón de euros, las cifras de ventas y la inevitable discusión sobre el prestigio del Planeta, la ceremonia dejó una intervención que merece ser recordada.
Isabel Allende volvió a hablar de aquello que ha atravesado su literatura durante más de cuarenta años: la memoria, la dignidad de las mujeres, la violencia del poder y la necesidad de no olvidar lo que sucede cuando una democracia deja de serlo.
Y, visto el panorama, no está de más que el premio literario mejor dotado del mundo vuelva a servir también para hablar de literatura y de lo que esta tiene qu












Qué alegría que Isabel Allende gane el Planeta. Me encantaría saber cuándo podremos comprar el libro, ¡estoy deseando conocer la historia de Alba!