
Miércoles de cuadraturas raras… Radiohead toca en Madrid, pero la sensibilidad está de visita en Alicante. Más concretamente, en el Paraninfo de la Universidad, un lugar donde la acústica se despliega limpia y el ambiente invita a la escucha atenta, Jero Romero reaparece en formato íntimo para recordarnos que, a veces, un concierto es justo eso que él mismo definió al despedirse en una de esas respuestas que llegan tres días después de que te hagan la pregunta: el rato de silencio que todos buscamos.
Hacía diez años que no lo veía en directo. Su parón dio sentido a lo publicado, y su vuelta lo hace a la representación de todo eso que se ha ido desdibujando, o reinterpretando, en nuestras cabezas. Creo que fue en Stereo, o en Valencia, la última vez que tuve la suerte de presenciar esa desnudez tan suya: la del hombre «correcto» que arpegia con precisión, sin artificios, confiando en la contundencia tranquila de sus letras.
Y volvió a pasar: “Hombre mayor”, “Devolverte”, la reconexión profunda con “Correcto”, «Irrisorio», y su eco más maduro en “Una gran insolación” o “Su vida en partes pequeñas”. Canciones que no sólo se escuchan; se revisitan deshiladas y sin artificios, como los objetos que uno guarda porque explican parte de quién ha sido o ha pretendido ser.
Él no lo sabe, pero su música ha acompañado muchas de mis transiciones: cafés inciertos, viajes sin destino claro, meditaciones improvisadas en estaciones o aeropuertos, paseos que parecían elevarse uno o dos palmos por encima del suelo. Por eso fue inevitable, en el Paraninfo, que ciertos versos se activaran solos, como mecanismos internos que llevan años afinándose para ese tarareo que se convertía en coros desde las butacas.
En un presente en el que casi nada gira ya en torno a uno mismo —y qué liberador resulta eso— basta un pensamiento por ordenar, seas o no un hombre mayor, tengas o no (4) remordimientos. Basta una guitarra y una voz que no pretende nada más que ser honesta y regalarnos paz durante más o menos una hora.
Si de broche de oro te regala una versión de “Adelante Bonaparte”, de Standstill, la cuadratura del círculo se encapsula en la idea de seguir adelante, aun siendo consciente de que la vida se fragmenta en partes pequeñas difíciles de recolocar, pero zurcibles con retales de versos y música, entre plantas de interior.
A la salida, reencuentros diversos, abrazos cálidos, un paseo inevitable por la nostalgia de los años de Universidad. Y la certeza de que, con silencio o sin él, el miércoles fue mejor gracias a Jero.
Y hoy sigue, aunque en otro formato…
















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