
Las asociaciones sectoriales AVED (Asociación Valenciana de Empresas de Danza) y APDCV (Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad Valenciana) han hecho público un comunicado en el que alertan de la situación crítica que atraviesa la danza en la Comunitat Valenciana, marcada por una infrafinanciación persistente, la pérdida de presencia en la programación pública y la falta de medidas estructurales de apoyo. Detrás del diagnóstico hay una constatación incómoda: dedicarse profesionalmente a la cultura en este territorio se ha convertido en un ejercicio de resistencia.
Los datos que aporta el sector son elocuentes. Menos del 10% de las ayudas públicas culturales se destinan actualmente a la danza, una cifra que evidencia un desequilibrio difícilmente justificable en comparación con otras disciplinas. La desaparición de la orden específica de danza ha agravado la desventaja: si en 2019 el presupuesto adjudicado dentro de las ayudas de fomento a las artes escénicas representaba el 21% del total, en 2025 ha descendido al 10%. La falta de una línea propia sitúa a la danza en una posición estructural de desigualdad, obligándola a competir sin reconocimiento de sus particularidades productivas y técnicas.
La fragilidad también se refleja en la programación pública. En los espacios gestionados por el Institut Valencià de Cultura, entre enero y marzo se han programado 39 espectáculos, de los cuales solo 5 son de danza y únicamente uno de procedencia valenciana. La creación local queda relegada en su propia red institucional, un síntoma de la escasa centralidad que la disciplina ocupa en las políticas culturales actuales. En numerosos municipios, la danza contemporánea desaparece durante temporadas completas, y algunos pasan años sin acoger un solo espectáculo profesional, lo que empobrece la oferta cultural y rompe el vínculo entre ciudadanía y artes del movimiento.
A la insuficiencia presupuestaria se suman los retrasos reiterados en la resolución de ayudas, que dificultan la planificación y comprometen la viabilidad de compañías que trabajan con márgenes mínimos. Tampoco se han articulado medidas extraordinarias para paliar el impacto de la DANA en el sector, pese a la afectación directa en estructuras y profesionales. La ausencia de un plan autonómico de recuperación específico para las artes escénicas refuerza la sensación de abandono institucional.
El malestar se amplifica con la gestión del nuevo Circuit Cultural Valencià, cuyos procedimientos y tiempos administrativos, según denuncian las asociaciones, están complicando la programación estable en los municipios. A ello se añade que en 2025 no se han celebrado los Premios del Institut Valencià de Cultura, una herramienta clave para la visibilización del trabajo de las compañías valencianas. La pérdida de espacios de reconocimiento y proyección debilita aún más un ecosistema ya tensionado.
El resultado de esta acumulación de factores es tangible: compañías que cierran, profesionales que abandonan o emigran y proyectos que no llegan a materializarse. No es la falta de talento lo que erosiona la danza valenciana, sino la reiteración de decisiones políticas que la sitúan en la periferia cultural. El sector reclama equidad, respeto y políticas responsables que reconozcan la especificidad de la danza y su impacto social, educativo y simbólico. Porque crear no debería ser un acto heroico, y sin embargo, hoy en la Comunitat Valenciana, lo es.




















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