
Creer en algo y apostar por el largo plazo no suele ser lo habitual en Alicante. Sin embargo, la Sala Marearock ha decidido desafiar esa inercia. Este 09 de mayo, el espacio del barrio de Babel celebra, con un concierto de Juantxo Skalari & La rude Band + Orkesta paraíso, su tercer aniversario consolidado como algo más que una sala de conciertos: un refugio cultural, punto de encuentro y símbolo de resistencia en una ciudad dominada por la puñetera inmediatez.
La efeméride no es solo una cifra redonda. Es la confirmación de que otro modelo cultural puede sostenerse en el tiempo. Para celebrarlo, Marearock ha organizado una noche especial fiel a su identidad: música en directo, comunidad y actitud. Tres pilares que han marcado su trayectoria desde el inicio, demostrando que la constancia puede abrirse paso incluso en un contexto de precariedad estructural para la cultura local.
En estos tres años, el proyecto ha vivido transformaciones importantes. Perdió su histórico local en el centro, pero ha logrado algo menos tangible y más valioso: arraigarse en un barrio entero. Desde Babel, ha tejido una red que trasciende el escenario, implicándose en reivindicaciones como la mejora de la movilidad nocturna y defendiendo espacios alternativos en una ciudad donde lo distinto no siempre encuentra fácil acomodo.
Su programación ha sido, además, un reflejo de esa filosofía. Sobre sus tablas han pasado bandas que conectan distintas generaciones y estilos: desde Crim hasta Viva Belgrado, pasando por O’Funk’illo o Ángelus Apátrida. También han recalado nombres internacionales como Marky Ramone y referentes estatales como Hamlet o El Último Ke Zierre. Un cartel que no solo acumula nombres, sino que construye una identidad reconocible.
Más allá de los conciertos, Marearock ha asumido un papel clave dentro del ecosistema musical: mantener viva la esencia del punk, abrir espacio al rap emergente, apostar por la escena local y sostener circuitos de gira que siguen llenando salas. Todo ello desde una propuesta que combina memoria y futuro sin pedir permiso a las instituciones.
Detrás del proyecto hay un equipo que entiende la cultura como compromiso. Han mantenido activos locales de ensayo y han apostado por un modelo popular pero profesional, poco habitual en el entorno. Sin artificios, su trabajo se ha basado en la constancia y en una idea clara: sostener una escena también es una forma de militancia.
Tres años después, Marearock no solo resiste. En una ciudad donde muchas iniciativas culturales se diluyen, su trayectoria se ha convertido en una referencia que demuestra que creer en un proyecto —y sostenerlo en el tiempo— sigue siendo, en sí mismo, un acto de resistencia.
Así que ¡Larga vida al Marea!
















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