
Tiene algo casi clandestino —y a la vez revelador— eso de entrar en Stereo Alicante cuando todavía queda luz en la calle. Como si la sala, acostumbrada al ritmo diferente y a la penumbra de la madrugada, aceptara dejarse ver sin maquillaje. No era la primera vez que pasaba, porque hace unas semanas Neoverbeneo convirtió su pista en un epicentro del tardeo y antes ya habían pasado por allí Portland o aquella recordada sesión matutina con La Luz... Si la continuidad se impone, quizá no sea casualidad y algo esté cambiando – por fin.
Hablamos mucho de kilómetro cero en gastronomía y en comercio, pero cuesta trasladar esa ética estructural a la música. Y, sin embargo, con la cantidad de proyectos sólidos que están emergiendo en la provincia, resulta casi una responsabilidad cívica que espacios medianos como Stereo se impliquen. Que programen a GLUU! y VISCOPAF sin paternalismos, sin la etiqueta de “cuota local”, sino como parte orgánica de una escena que necesita escenarios intermedios donde afirmarse. El sábado, con la sala casi llena, quedó claro que el público empieza a entender que defender lo cercano no es provincianismo sino cuidado.
Otras formas de tardeo son posibles. Y necesarias. Me dirán que exagero, pero Stereo tiene algo más honesto cuando abre de día. La fauna es la misma, supongo, pero la música introduce una variable civilizadora. Porque un concierto puede convertirse en un pacto tácito entre desconocidos, en un pequeño orden dentro del ruido. Y el contexto acompañaba porque también había directos en Las Cigarreras, en El Búnker, veníamos de una matinal en Elche, más los que vendrían después. La simultaneidad como síntoma de salud, el abanico ahí está y esto lleva años conformando una agenda variada y de calidad, aunque todavía hay quien dice que aquí no hay nada que hacer…
VISCOPAF abrieron la tarde presentando su primer LP, publicado en diciembre. Diez canciones que, en distinto orden al oficial, fueron desplegando con una naturalidad de banda que juega en casa.
Su pop elegante respira ecos de los 80 y 90, con ese deje sofisticado que inevitablemente remite a Los Abuelos de la Nada. No buscan la arista sino el matiz; no la crudeza sino el detalle. Y eso, en tiempos donde a veces se confunde intensidad con decibelio, es una buena declaración de principios.
“Balconing” sigue siendo su as en la manga, y cerraron con ella entre vítores. Pero el crecimiento se percibe en cómo van asentando otros temas como “La Mejor Solución” o “Vístete”, ya coreadas por un público que da gusto verlo como una especie de comunidad bien avenida. Porque hay algo reconfortante en ver a una banda encontrar su sitio sin renunciar a la elegancia.
Más escurridiza resulta la propuesta de GLUU!, que en apenas un año han compactado su directo hasta hacerlo más sólido, más guitarrero, más divertido. Su sonido invita inevitablemente al juego de las referencias. En el aire flotan sombras de The Smashing Pumpkins, The Cure, Oasis o Los Planetas. No desde la réplica, sino desde la influencia bien metabolizada. Podrían haber nacido hace dos décadas, es cierto, pero beber de buenas fuentes nunca ha sido un pecado si se hace sin empacho.
Guitarras con cuerpo, tensión rítmica, cambios de instrumentos y voces, sensación de banda real —de local de ensayo y carretera—. Los de Aspe, transforman lo cotidiano en canciones con filo, sin sobreproducción ni coartadas. Alternan baladas con novedades y hasta se permiten revisitar “I’m Waiting for the Man”, apropiándose del clásico con una solvencia que habla de ambición y respeto a partes iguales.
Visto todo esto, lo mejor de la tarde no fue estrictamente musical. Fue esa sensación de pertenencia que a veces solo se activa en espacios concretos. Mirar alrededor y reconocer rostros. Intuir que no hace falta salir fuera para encontrar propuestas con identidad.
Puede sonar chovinista, pero Alicante tiene escena. Lo que necesita es continuidad, espacios y público que no espere siempre a que la validación llegue desde fuera. El sábado hubo un poco de todo eso.
Stereo, con luz de tarde, lo confirmó. Y en una ciudad demasiado pendiente de lo que viene de lejos, mirarse hacia dentro también puede ser una forma de empezar a creérselo.























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