
Hay algo profundamente mediterráneo en convertir el vermú – o una cerveza fresquita – en rito eléctrico. La primera edición de Surfin’ Lucentum arrancó en horario matinal, con esa luz oblicua que entra por las rendijas del bar y convierte la barra en litoral.
Sí, estamos en febrero, pero como si los frentes continuados se hubieran apiadado de la idea, el sol permitió que la apertura de telón tuviera un cielo acorde con la propuesta con La Porsaguera, como maestros de ceremonia. Los de Cartagena llegaron con el equipaje lleno de reverbs, fueran los encargados de inaugurar el asunto en el Söda Bar. Y aquello no fue un concierto: fue una postal en movimiento.
Camisas cantosas —florales sin complejos, psicodelia de sábado—, meneos de caderas con vocación de ola y una procesión de almas rockeras que parecía haber olido la sal desde primera hora. El surf no es el estilo más mainstream del barrio, pero tiene su séquito fiel, una cofradía de oídos educados en el twang y el eco cavernoso. Endika, con intuición de farero, ha tenido la brillante idea de aglutinarlo y darle marco. Y cuando algo nace con vocación de escena, se nota: el SÖDA se llenó hasta el último rincón, como si la marea hubiera decidido quedarse a vivir bajo el luminos de «Torrija».
La Porsaguera desplegó su instrumental con ese pulso anfetamínico que convierte la batería en motor fuera borda y la guitarra en tabla encerada. Sonaron a playa imaginaria from Alicante, California por un día, con arena metafórica entre los zapatos, con su guiño a Frankenstein y todo — porque ya se sabe que en todo buen matinal hay un monstruo amable, un gorro de vaquero y alguien que se deja llevar sin mirar el reloj o una niña pintando en el suelo.
Nada que ver con el postureo del “yo estuve allí” para magnificarlo después; era el simple hecho de cambiar la rutina por una mañana soleada dentro de un bar, de bailar cuando el cuerpo aún no ha decidido si es sábado o martes.
El éxito fue palpable, medible en sonrisas sudadas y en esa sensación de estreno que sólo ocurre una vez. Tras el prime acto, la romería rock’n’roll continuó por la programación del día, repartida en distintos espacios emblemáticos de la ciudad, como quien encadena olas en una misma playa. Yo, como la niña que pintaba era mía, me quedé con la primera: la luz inicial, la vibración inaugural, la certeza de que algo empieza y no sabemos todavía hasta dónde llegará.
Porque el objetivo de Surfin’ Lucentum no es sólo programar conciertos: es remover y aglutinar la escena surf y rock’n’roll de la provincia de Alicante y alrededores, con la mirada puesta en próximas ediciones abiertas a grupos de fuera. Una celebración continua del surf, el garage y el rock’n’roll, distribuida por la ciudad como un mapa de tesoros eléctricos.
La primera piedra ya está puesta y suena a reverb.
Epílogo
La ola no se retira sin despedida: mañana jueves, a las 21:00 h, epílogo en Stereo con Les Robots. Entradas: 12 € . https://entradium.com/events/epilogo-surfin-lucentum-con-les-robots
- AQUÍ alicientes por escrito para que no te lo pierdas
Aquí incitación visual neerlandesa, para que sepas lo que te pierdes si no vienes:
Y aquí, magia para tus oídos:



















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