
La huelga en la educación pública ya no es una amenaza lejana: es el síntoma de un sistema que lleva demasiado tiempo ignorando a quienes lo sostienen. Y no será por falta de diálogo. Tras la última reunión entre la Conselleria de Educación y los sindicatos, el desencuentro ha quedado expuesto con claridad: el profesorado ha dicho basta.
STEPV, CCOO y UGT han decidido romper con el calendario de negociación previsto porque seguir sentándose sin avances reales solo perpetúa el problema. Desde septiembre, la plataforma reivindicativa continúa sin respuestas concretas, mientras la administración se refugia en el argumento del presupuesto. Pero la falta de inversión también es una decisión política.
El gesto de los sindicatos no es menor. STEPV y CCOO limitarán su presencia a cuestiones estrictamente laborales y UGT acudirá sin participar activamente. No es un bloqueo, es una forma de señalar que el diálogo vacío no es diálogo. Porque negociar no puede convertirse en un trámite sin contenido mientras las condiciones del profesorado siguen deteriorándose.
En el fondo del conflicto hay una realidad incuestionable: los docentes de la Comunitat Valenciana están entre los peor remunerados del país, y trabajan en un contexto cada vez más exigente, con sobrecarga burocrática, presión emocional y falta de reconocimiento. Hablar de calidad educativa sin hablar del bienestar del profesorado es una contradicción insostenible.
Frente a esto, resulta preocupante que desde el ámbito político se insinúen motivaciones electoralistas. Cuestionar las reivindicaciones docentes no solo desvía el foco, sino que erosiona aún más la confianza en las instituciones. El problema no es la protesta, sino lo que la provoca.
También se apela al impacto de una posible huelga en el final de curso. Pero esa lectura olvida lo esencial: si se llega a una huelga es porque durante meses no se han atendido las demandas. No es una reacción desproporcionada, es la consecuencia lógica de una negociación estancada.
Este conflicto no es puntual. Es estructural y afecta directamente al modelo de escuela pública que se quiere construir. Defender la educación pública pasa, necesariamente, por cuidar a quienes la hacen posible cada día en las aulas. Sin profesorado digno, reconocido y bien tratado, no hay sistema educativo que se sostenga.
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