
Hay festivales que van y vienen, películas que pasan por la Sección Oficial, trenes que llegan con retraso y viajeros que aterrizan en Alicante con cara de no saber todavía si han venido a trabajar, a volver de Madrid en AVE o a comprobar si la ciudad existe más allá de la estación. Y entonces, de pronto, lo primero que se encuentran es una exposición. Casi parece una estrategia cultural. O, al menos, una bienvenida bastante más amable que muchas de las que suele ofrecer el urbanismo local…
La estación de ADIF Alicante acoge desde el hoy hasta el 1 de junio la exposición fotográfica ‘La caracterización del personaje cinematográfico’, una muestra organizada por la Universidad de Alicante, a través del Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Extensión Universitaria y la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, en colaboración con el Festival Internacional de Cine de Alicante.
La propuesta acerca al público uno de esos trabajos esenciales que casi nunca se llevan el aplauso principal: la construcción del personaje cinematográfico a través del vestuario, el maquillaje y la peluquería. Porque antes de que un actor diga su primera frase, alguien ya ha decidido cómo mira, cómo envejece, cómo se peina, qué lleva puesto y qué historia cuenta su cuerpo sin necesidad de diálogo. La ficción empieza muchas veces ahí, en esos oficios discretos que convierten una cara en personaje y una prenda en biografía.
Las fotografías parten de películas incluidas en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de Alicante y documentan ese momento de transformación en el que la ropa deja de ser simple indumentaria y el rostro adquiere carácter antes incluso de pronunciar palabra. Entre los largometrajes representados figuran ‘Un hombre de verdad’, de Liteo Pedregal; ‘Mi cielo, tu infierno’, de Alberto Evangelio; ‘Absolute Love’, de Carlo Avventi; ‘A la cara’, del alicantino Javier Marco; ‘Rabioso’, de Luis María Ferrández; ‘Que vienen los perros’, de Iván Sánchez y David Tembleque; y ‘Cowgirl’, codirigida por Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens.
ADIF suma la estación a esta lógica cultural a través del programa Estación Abierta, con la intención de integrar estos espacios de tránsito en la vida de la ciudad. Y ahí la idea tiene algo de poética involuntaria: que alguien llegue de Murcia después de trabajar, o baje del AVE desde Madrid, y lo primero que vea en Alicante sea una exposición sobre cine. No un cartel vacío, no una valla publicitaria más, no una espera sin alma, sino una pequeña invitación a mirar.
La escena, además, tiene su propio punto cinematográfico. Mientras una muestra sobre caracterización ocupaba la estación, quienes más cultura consumen y sostienen —los profesores— andaban pitando como viejos encargados ferroviarios, haciendo bueno aquello de “el tren de Arganda, que pita más que anda”. Refrán perfectamente aplicable a una comunidad docente obligada a avisar, reclamar y protestar para que algo se mueva. Menos aplicable, eso sí, a la Consellera de Educación… instaladas en la inmovilidad absoluta. A algunas figuras públicas no les vendría mal subirse a un tren… y no volver.
Ahondando en la broma, si la exposición trata de hacer visible lo que normalmente queda fuera del foco, procuremos que lo que no salga de él, nunca, sea el guion de la realidad. Eso sí, convirtiendo en protagonistas destacados, por ejemplo, a los que hoy se quejaban, con razón, vestidos, y vestidas, de verde.
A ver si para cuando empiece el Festival, a pesar de la hostia de hoy, ganan la batalla…
















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