
El Monte Orgegia ha sido escenario de una nueva jornada de reforestación dentro del proyecto Alicante Renace, en la que un millar de voluntarios han participado en la recuperación ecológica de 10.000 metros cuadrados. La actuación ha permitido plantar más de 700 árboles, 300 arbustos mediterráneos y sembrar un millón de semillas herbáceas, reforzando el pulmón verde de la ciudad.
La iniciativa, impulsada por la Asociación Enamorados de Alicante junto al Ayuntamiento y la Generalitat, se consolida como un proyecto clave para la restauración de la biodiversidad en entornos urbanos y periurbanos. Además de su impacto ambiental, la jornada vuelve a poner en valor el papel del voluntariado como motor de concienciación y acción climática local.
El proyecto, que suma ya más de una década de recorrido, se ha convertido en una cita social y ambiental de referencia en la ciudad, con una estructura organizativa que permite coordinar grandes acciones colectivas y acelerar la regeneración de espacios degradados.
La actuación ha incluido también medidas técnicas fundamentales para garantizar el éxito de las plantaciones, como la instalación de sistemas de riego eficiente conectados a agua reciclada o el uso de riegos de apoyo en fases críticas. Asimismo, se han realizado trabajos preventivos de control fitosanitario, como la retirada de procesionaria, esenciales para proteger tanto el ecosistema como a las personas participantes.
Desde el punto de vista ecológico, la intervención responde a un modelo de restauración integral basado en la estructura del bosque mediterráneo, combinando especies arbóreas, arbustivas y herbáceas. Este enfoque permite mejorar la estabilidad del suelo, favorecer la infiltración del agua y aumentar la resiliencia frente al cambio climático.
Entre las especies plantadas destaca el algarrobo (Ceratonia siliqua), elegido por su resistencia a la sequía, su capacidad de regenerar suelos y su papel en la captura de carbono y generación de microclimas. Por su parte, la siembra masiva de herbáceas contribuirá a reducir la erosión, enriquecer el suelo y favorecer la biodiversidad, especialmente de insectos polinizadores.
Como complemento, el proyecto contempla la instalación de cajas nido y refugios de insectos, reforzando el equilibrio ecológico mediante el control biológico natural y avanzando hacia un ecosistema más autosuficiente.
Consolidado tras diez años de trabajo conjunto, Alicante Renace demuestra que la colaboración entre ciudadanía, entidades y administraciones puede generar un impacto ambiental real, medible y sostenido en el tiempo. A ver si lo trasladan al resto de medidas «no tan medioambientales» que se toman en lo plenos.























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