
Tras años de permisividad, el consistorio decide aplicar su propia normativa y prohibir los vehículos turísticos en la zona histórica a partir del 10 de noviembre
El Ayuntamiento de Alicante ha comunicado este miércoles a las tres empresas que gestionan los populares triciclos motorizados —los llamados tuctucs— que, a partir del lunes 10 de noviembre, estos vehículos no podrán circular por el Casco Antiguo. La medida llega después de años de permisividad y tras numerosas quejas vecinales por la saturación y el ruido en el barrio de Santa Cruz, una de las zonas más emblemáticas y frágiles de la ciudad.
El concejal de Tráfico y Movilidad Urbana, Carlos de Juan, justifica la decisión en la aplicación de la Ordenanza Municipal Reguladora de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE), cuyo texto —que no es precisamente nuevo— ya impedía el tránsito de este tipo de vehículos en el anillo 1 del Casco Antiguo. Aun así, el Ayuntamiento había seguido concediendo autorizaciones “de manera excepcional”, un eufemismo que en la práctica significó mirar hacia otro lado mientras los tuctucs “campaban a sus anchas” por calles estrechas y peatonales.
Según el edil, la decisión “reforzará la seguridad vial y mejorará la movilidad peatonal”, aunque no ha explicado por qué se ha tardado tanto en hacer cumplir una norma que ya estaba en vigor. En palabras del propio concejal, el Ayuntamiento se ha limitado ahora a “transmitir a las empresas afectadas, como deferencia, la situación actual de la nueva normativa”. Un gesto más administrativo que político, que llega solo después de que la situación fuera insostenible.
Mientras tanto, vecinos y comerciantes del barrio de Santa Cruz llevan meses denunciando la invasión turística y la falta de control sobre este tipo de vehículos, que han contribuido a la saturación del entorno. El Ayuntamiento, sin embargo, ha actuado tarde y con una permisividad que contrasta con su rigidez en otros ámbitos. Lo que se prohíbe o se tolera, parece, depende del interés o la conveniencia del momento.
En definitiva, el consistorio aplica ahora una normativa que ya existía, después de haberla ignorado durante demasiado tiempo. Una rectificación necesaria, pero que llega más como parche que como muestra de una gestión coherente y planificada de la movilidad en el centro histórico.
















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