
Rambla Jazz Band cerró en Las Cigarreras el ya clásico ciclo de jazz y blues de agosto con “Mujeres con mucho jazz”, un recorrido por algunas de las grandes compositoras e intérpretes de la historia del género. El Jardín Vertical volvió a llenarse para demostrar que, aunque a pequeños sorbos, el jazz va encontrando su espacio en Alicante y su provincia.
Es evidente que Alicante no puede competir —ni probablemente lo pretende— con festivales con la tradición y el peso del jazz de Donosti o Biarritz. Esto no es New Orleans, pero, a nuestra manera, en pequeños fascículos repartidos durante el verano, el género empieza a hacerse un hueco cada vez más reconocible en la provincia.
Sant Joan, Polop, l’Alfàs del Pi, el Fijazz, el Summer Brass Festival… y, desde hace ya unas cuantas temporadas, esas cuatro noches de agosto en Las Cigarreras que mezclan algo tan sencillo como efectivo: música en directo, entrada gratuita y una noche a la fresca.
La última parada de este verano estuvo protagonizada por Rambla Jazz Band y su espectáculo “Mujeres con mucho jazz”, un recorrido por las aportaciones de algunas de las grandes mujeres que escribieron, interpretaron y ayudaron a construir la historia del género. De María Grever a Nina Simone, pasando por Ella Fitzgerald o Billie Holiday, la formación fue hilando un repertorio reconocible y elegante, perfecto para despedir el ciclo.
Y el público respondió. El Jardín Vertical volvió a quedarse pequeño, con espectadores ocupando prácticamente cualquier rincón disponible e incluso improvisando sus particulares “palcos” desde las alturas.
Porque seguramente ahí está una de las claves de esta propuesta. En una provincia donde el jazz sigue teniendo un arraigo minoritario y donde apenas sobreviven algunos refugios especializados —El Refugio de Sant Joan, el Club de las Mil Pesetas de Villena, el Mussol de Alcoi y poco más—, sacar esta música a espacios públicos también sirve para acercarla a quienes quizá nunca entrarían en una sala exclusivamente dedicada al género.
Y, de paso, para dar escenario a muchos de esos buenos músicos que durante el resto del año pasean su talento por un circuito demasiado pequeño.
La noche tenía además ese inequívoco punto de final de agosto. Las Cigarreras se convirtió en lugar de reencuentro con gente a la que no habías visto en todo el verano, con una banda sonora deliciosa de fondo y la posibilidad, después del concierto, de prolongar la noche por Alicante aprovechando que, al menos durante estas semanas, el TRAM sí adquiere ese punto de nocturnidad que muchos querríamos conservar durante el resto del año.
Con los meses de buen tiempo que tiene Alicante, quizá la única pega del ciclo sea precisamente esa: que dure solo cuatro sesiones.
Porque el público está ahí. Los músicos también. Y las noches a la fresca, por suerte, en estas tierras dan para bastante más que un mes.















Deja una respuesta