
La 34ª Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos Guillermo Heras se celebrará en Alicante del 6 al 15 de noviembre con 18 espectáculos, tres estrenos absolutos y propuestas procedentes de ocho comunidades autónomas. Bajo el lema De otro mundo, la programación vuelve a confirmar una paradoja bastante evidente: el teatro puede invitar a escapar, pero casi siempre acaba devolviéndonos a la realidad.
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Y la realidad que aparece en escena no es precisamente ligera. Precariedad, salud mental, identidad, memoria, muerte, aislamiento, violencia, relaciones familiares o dificultad para encontrar un lugar en una sociedad obsesionada con el rendimiento atraviesan buena parte de los títulos programados.
No parece casual que obras como ¡Viva!, Authentic Student Experience, No-Diva, Tinc un bosc al cervell, Ictus, Muro de piedra, Medea (Historia de un ghosting) o Desaparecer para siempre, por completo y sin dejar rastro compongan una especie de cartografía de las fracturas contemporáneas.
La Muestra, además, se reparte este año por distintos espacios de la ciudad: Teatre Arniches, Las Cigarreras, Paraninfo de la Universidad de Alicante, Aula de Cultura Fundación Mediterráneo, Mercado Central y Teatro Principal, entre otros. Esa dispersión tiene sentido: una cita que habla del presente necesita también mezclarse con la ciudad que la rodea.
Una Muestra que necesita estabilidad
Más allá de los estrenos y los nombres propios, esta edición deja otro asunto importante sobre la mesa: la apuesta por una mayor estabilidad institucional y jurídica del certamen.
Puede sonar burocrático, pero no lo es. Que varias instituciones decidan coordinarse para garantizar la continuidad de una estructura cultural de largo recorrido debería ser normal. En cultura, sin embargo, sigue siendo noticia.
La Muestra lleva 34 años demostrando que no es una actividad coyuntural. Y en ese sentido conviene recordar a Guillermo Heras, cuya concepción del teatro contemporáneo siempre estuvo ligada a la autoría, al riesgo, a la continuidad y a la necesidad de que las instituciones generasen condiciones reales para la creación.
También por eso sigue siendo significativo que el nombre completo conserve la palabra “autores”. En tiempos de festivales construidos a golpe de cartel, la Muestra mantiene una especificidad: preguntarse qué se está escribiendo y qué dice esa escritura sobre el presente.
El teatro como lugar incómodo
La programación de este año parece especialmente interesada en ese presente. Y quizá ahí aparezca uno de los valores más claros del teatro: obliga a permanecer.
Durante una función no se puede deslizar el dedo para pasar al siguiente contenido. Hay cuerpos delante, otros cuerpos alrededor y un tiempo compartido. Y existe la posibilidad, cada vez menos frecuente, de que una idea incomode antes de producir una opinión.
La Muestra amplía además la exhibición con jornadas profesionales, encuentros de traductores, formación, mediación, club de lectura y Cuadernos de Dramaturgia. Es decir, no solo programa espectáculos: intenta generar conversación alrededor de ellos.
Y eso importa porque el pensamiento crítico no consiste en que todo el público salga pensando lo mismo, sino en que algo se mueva después de la función.
La programación
Entre los nombres destacados aparece Alberto Conejero con Tres noches en Ítaca, mientras que Authentic Student Experience, surgida de la Universidad de Alicante, pone el foco sobre la precariedad universitaria y la vivienda.
También estarán No-Diva, de Marta Estal; Ictus, de Xron; Tinc un bosc al cervell, de Guadalupe Sáez; Muro de piedra, de Markel Hernández; Medea (Historia de un ghosting), de Borja López Collado; Libres!!!, de Esther F. Carrodeguas; o La fe (Una historia de hermanas), de Arantxa Cortés.
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En conjunto, la programación no parece empeñada en construir una falsa unidad temática. Las conexiones aparecen solas: precariedad, vínculos, desaparición, memoria, cuerpo, identidad y supervivencia.
Quizá por eso el lema De otro mundo funcione mejor de lo que parece. Porque viajar a otro mundo puede ser una fantasía razonable, pero el teatro insiste en recordarnos que este todavía necesita bastante atención.
Y ahí está, probablemente, el verdadero valor de la Muestra: no ofrecer una vía de escape, sino una manera de mirar.
Las entradas estarán a la venta próximamente, con precios generales de 15 euros en Arniches, Caja Negra de Las Cigarreras y Aula de Cultura Fundación Mediterráneo; 3 euros en el Paraninfo de la UA y 2 euros para Acasa, además de varias propuestas gratuitas.
Porque una muestra también habla de quién puede entrar. Y de quién se queda fuera.















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