
En Alicante llevamos demasiados años escuchando anuncios culturales que terminan diluyéndose en el tiempo. Proyectos que se presentan con solemnidad, que generan titulares durante unos días y que después se pierden en los cajones administrativos.
Ante esa pasividad institucional resulta interesante la propuesta que la Asociación de Vecinos Parque del Mar ha trasladado al Ayuntamiento: ubicar el complejo cultural anunciado –conservatorios y la EASDA– en los solares municipales del entorno de Gran Vía Sur, muy cerca de las Harineras de Benalúa.
No se trata de imaginar un proyecto lejano o futurible, sino de señalar una realidad tangible. En ese entorno existen solares municipales disponibles, algunos incluso con uso educativo, con capacidad para acoger una infraestructura cultural de gran escala. Son parcelas bien comunicadas, cercanas al centro y conectadas con las principales entradas y salidas de la ciudad. En términos urbanísticos, pocos emplazamientos reúnen tantas condiciones favorables.
Pero hay una razón aún más importante: la deuda histórica que Alicante mantiene con su sector sur. Barrios como Gran Vía Sur han crecido durante décadas como espacios residenciales sin apenas equipamientos estructurales. Son barrios que funcionan como zonas dormitorio mientras las inversiones culturales, educativas y administrativas se concentran siempre en las mismas áreas de la ciudad. Situar allí la llamada “Ciudad de la Música” sería una forma real de equilibrar ese mapa desigual.
Además, el impacto de un complejo educativo y cultural de estas características iría mucho más allá de los edificios. La llegada diaria de miles de estudiantes, docentes y trabajadores generaría una actividad económica constante para el comercio y la hostelería del barrio. Cafeterías, restaurantes, supermercados o pequeños negocios de proximidad encontrarían una clientela estable allí donde hoy solo hay solares vacíos.
A eso se sumaría la aparición de nuevos servicios vinculados a la actividad artística: papelerías técnicas, tiendas de material de bellas artes, lutherías, copisterías especializadas o academias privadas de música y danza. En muchas ciudades europeas, los entornos de los conservatorios o escuelas de arte terminan convirtiéndose en auténticos pequeños distritos culturales.
También cambiaría la propia identidad del barrio. Audiciones, conciertos, exposiciones o desfiles de moda vinculados a la EASDA atraerían público de toda la provincia, generando un flujo cultural que hoy simplemente no existe en esa zona de Alicante. Donde ahora hay parcelas vacías podría surgir un espacio vivo, con actividad diaria y mayor percepción de seguridad urbana.
Y hay, además, un elemento estratégico: la conexión con el desarrollo de Benalúa Sur y el futuro espacio de las Harineras. Situar el complejo educativo en Gran Vía Sur permitiría crear un eje cultural en el acceso sur de la ciudad, conectando el puerto, el nuevo frente urbano y los barrios residenciales en un corredor continuo de actividad.
En definitiva, la propuesta vecinal no es solo una sugerencia urbanística: es una oportunidad política. El alcalde Luis Barcala prometió en su programa electoral impulsar la “Ciudad de la Música” en el entorno de las Harineras. Los solares de Gran Vía Sur ofrecen la posibilidad real de cumplir esa promesa y hacerlo, además, corrigiendo uno de los desequilibrios históricos de Alicante.
Porque si este anuncio termina siendo otro proyecto que se aplaza indefinidamente, otro expediente que queda “para más adelante”, volveremos a caer en una tradición demasiado conocida en la política local: la de las promesas culturales que se posponen ad calendas graecas.
Alicante necesita proyectos culturales. Pero, sobre todo, necesita que alguno de ellos se construya de verdad. Y esta vez, el lugar parece estar ya sobre la mesa.























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