
La cuarta semana de huelga médica en la Comunitat Valenciana ha comenzado este lunes con un fuerte contraste de cifras: el sindicato convocante CESM CV sitúa el seguimiento cerca del 90%, mientras que la Conselleria de Sanidad lo reduce al 7,96%. Más allá de la guerra de datos, la realidad vuelve a ser evidente: una parte fundamental del personal facultativo está diciendo basta ante una situación de sobrecarga, precariedad y deterioro del sistema sanitario público.
La huelga, convocada del 18 al 22 de mayo en toda España, reclama más personal médico, mejores condiciones laborales y profesionales, una regulación justa de las jornadas y una reducción real de la presión asistencial. Son demandas laborales, sí, pero también son una defensa directa de la sanidad pública. Porque no hay atención sanitaria digna si quienes atienden están agotados, desbordados y obligados a trabajar en condiciones cada vez más difíciles.
En la Comunitat Valenciana, la huelga convocada por CESM CV se desarrollará durante toda la semana en horario completo. El acto central tendrá lugar este miércoles por la tarde en València, con una manifestación cuyo punto de encuentro será el Palau de la Generalitat. También en Alicante se ha convocado una manifestación ese mismo día a las 18:30 horas, desde el Mercado Central hasta la sede del Consell en la Casa de las Brujas. Además, habrá concentraciones en hospitales y centros de Atención Primaria a las 11:00 horas.
Conviene decirlo con claridad: defender la sanidad pública no puede limitarse a proclamas vacías mientras se cronifican las listas de espera, se sobrecargan las consultas y se normaliza que los profesionales trabajen al límite. La sanidad pública necesita recursos, planificación, estabilidad laboral y respeto hacia quienes la hacen funcionar cada día.
En un contexto de avance de políticas de derechas, recortes encubiertos y discursos que buscan abrir espacio a la privatización, posicionarse es más necesario que nunca. La defensa de lo público exige apoyar a quienes están en primera línea. Médicas, médicos y facultativos no reclaman privilegios: reclaman condiciones que les permitan atender bien a la ciudadanía.
La ciudadanía también se juega mucho en esta huelga. Cuando falta personal, cuando las agendas están saturadas, cuando las jornadas se alargan y cuando el sistema se sostiene a base de sacrificio profesional, quien acaba pagando las consecuencias es el paciente. Por eso, las exigencias de los facultativos no son una cuestión corporativa: son una cuestión social.
La huelga médica vuelve a poner sobre la mesa una pregunta urgente: qué modelo sanitario queremos. Uno debilitado, saturado y cada vez más expuesto al negocio privado; o una sanidad pública fuerte, universal, bien financiada y con profesionales suficientes y respetados.
La respuesta debería ser inequívoca: la sanidad pública se defiende con hechos, con presupuesto y con derechos laborales. Y esta semana, en hospitales, centros de salud y calles, esa defensa vuelve a tomar forma de movilización.

















Deja una respuesta