
Fritanga, toros y conciertos sin criterio. Ese parece ser, a grandes rasgos, el modelo cultural que algunos quieren consolidar para Alicante. Y no solo eso: además buscan la fórmula para renovarlo y proyectarlo al futuro como si se tratara de un gran logro estratégico. La pregunta es inevitable: ¿qué aporta realmente a la ciudad?
El Ayuntamiento acaba de renovar —de forma provisional— la gestión de la Plaza de Toros con la idea de preparar una nueva licitación que la convierta en un gran espacio “multiusos” dentro del plan Alicante Nuevo Centro. Sobre el papel suena bien: cultura, turismo, ocio, dinamización urbana… palabras que quedan estupendamente en una nota de prensa. El problema llega cuando uno mira qué se está programando realmente.
Porque si el modelo es el que hemos visto hasta ahora, la cosa queda clara: fritanga, tardeo, eventos virales de dudoso gusto, algún concierto metido con calzador y, por supuesto, toros. Mucho toro. Al parecer ese es el concepto de cultura que tienen en el Ayuntamiento.
Pero por mucho que se empeñe el PP —y su socio entusiasta, VOX—, la cultura es otra cosa. Bastaría con que se dieran una vuelta por el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante o por Las Cigarreras Centro Cultural para comprobarlo. Allí se programa pensamiento, arte contemporáneo, música experimental, mediación cultural, residencias, talleres, investigación… cosas raras, sí: cultura de verdad. Pero claro, eso exige algo incómodo: criterio y constancia.
Seguramente quienes quieren perpetuar este modelo ni siquiera saben que en Alicante se celebran más de 200 eventos culturales a la semana. Y no, el público que acude a ellos no es exactamente el mismo que llena la ciudad durante las Hogueras de San Juan de Alicante. Existe otro ecosistema cultural, mucho más diverso, activo todo el año y sostenido —en gran parte— con presupuestos mínimos.
De hecho, la precariedad pública ha generado algo que debería hacer reflexionar a más de un concejal: imaginación. Programadores, colectivos, salas pequeñas, festivales independientes y artistas locales han construido una agenda cultural vibrante sin grandes titulares, sin planes estratégicos grandilocuentes y, desde luego, sin convertir cada evento en un macroespectáculo de consumo rápido.
Mientras tanto, desde el Ayuntamiento se insiste en presentar la Plaza de Toros como un “polo cultural”. El mismo espacio donde se celebra desde un Pizza Combat hasta un tardeo navideño. Que nadie se engañe: llamar “cultural” a cualquier evento multitudinario no lo convierte automáticamente en cultura. Más bien, lo contrario.
Y aquí surge otra cuestión incómoda: si ese es el nivel de la estrategia, ¿para qué sirven todos esos asesores, consultores y directores técnicos a los que se les pagan auténticos pastones? Porque visto lo visto, el resultado se parece bastante a lo que saldría de una reunión improvisada en un bar.
Alicante no necesita más ruido ni más ocurrencias disfrazadas de proyecto cultural. Necesita una política cultural con visión, con criterio y con respeto por el ecosistema creativo que ya existe. Porque la cultura de una ciudad no se construye con fritanga, toros y tardeos. Se construye con ideas. Y, sobre todo, con algo que parece escasear últimamente en el Ayuntamiento: un poco de cultura. Y otro poco de presencia, que opciones le sobran, pero los que toman decisiones se pasan poco por el Teatro Principal, o el MACA.























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