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«Todo puede ser»: Un disco nuevo y un lema para la escena emergente de Alicante

23 de febrero de 2026 por Jon López Dávila Deja un comentario

  • Foto de portada @nerea.tfdz

Hay fechas que parecen escogidas a propósito, aunque nadie lo confirme. Publicar un primer disco el 20 de febrero (el día que nació Kurt Cobain) tiene algo de declaración inconsciente: la fragilidad también puede ser fuerza, la duda también puede convertirse en himno. Y eso es exactamente lo que han hecho Las Chavalas con Todo puede ser. Porque quizá con algo de perspectiva, ese título, puede ser una explicación simple de lo que se está cociendo en la Alicante contemporánea desde que Carla y Clau, la 126, TG&SOA, Gluu!, Júlia (que también estrenaba disco el viernes), Becarios, Otto y otras muchas bandas cogieron las riendas de este cabo suelto mediterráneo que, por fin, parece estar empezando a cohesionarse.


Alicante está cambiando (y se nota)

La escena alicantina vive un momento extraño y fértil. Durante años arrastró ese complejo de periferia cultural, esa sensación endogámica (y egoísta) de que lo importante siempre sucedía en otro sitio. Pero algo se está moviendo. Espacios pequeños que apuestan por lo local. Asociaciones que reniegan de las subvenciones, bandas jóvenes que no esperan validación externa y público que empieza a quedarse entendiendo que para esto sí, se puede ser un poco chovinista.

Actos como el estreno de «Todo puede ser» no son solo conciertos: son gestos políticos. Son una forma de decir que aquí también pasan cosas. Que aquí también se escribe, se produce, se imprime un fanzine para explicar por qué cada canción existe y merece una fiesta acorde con lo que cuesta que salga a la luz.

Lo bueno de las nuevas generaciones es que no piden permiso. Se inventan su manera de hacer las cosas. No esperan la bendición de la industria ni la nostalgia de los veteranos. Montan su universo con lo que tienen: canciones honestas, una estética DIY sin postureo y una forma de comunicar directa, casi confesional.

Sin embargo, es inevitable que haya matices que se repiten. Porque el ritual es antiguo. El cosquilleo antes de salir al escenario. El primer acorde que tiembla. El silencio justo antes del aplauso. Eso no cambia. Porque la noche anterior al estreno no se duerme. Nunca se duerme. Da igual la generación. Da igual el estilo. Un estreno es un estreno. Una guitarra es una guitarra. Y un disco nuevo —cuando es el primero— es una especie de salto sin red.

Lo sabes tú, lo saben tus amigas, lo sabe tu madre y lo sabe el camarero del bar donde sonarán los nuevos temas por primera vez en altavoces que no son los de tu local de ensayo.

Los que fardaremos algún día de haber estado allí, respiramos un poco de todo eso. Había nervios. Esa electricidad previa al directo que no se aprende en ningún conservatorio. Familia en primera fila. Amistades que han visto el proceso de todo este año que empezó por mera diversión. Miradas cómplices. Sudor de camiseta. Disfraces. Las canciones recién soltadas al mundo, por primera vez, como quien deja de proteger algo que ya no le pertenece del todo.

Porque durante mucho tiempo —como escriben en su fanzine— todo esto fue solo suyo. Ahora deja de serlo. Desde el viernes, es de todos.


“Todo puede ser”: vulnerabilidad sin dramatismo

El disco (lo decían en el fanzine…) habla de no tener ni idea de qué va a pasar. De «despertarte un día arriba del todo y al siguiente querer esconderte debajo de la cama». De sentir demasiado. De querer desaparecer. De decidir quedarte. De cambiar de idea. De volver a empezar. Y tener la necesidad de expresarlo.

En esto no hay pose generacional. Sino su propia verdad puesta a prueba para que tú te identifiques con ella. Porque cuando uno termina de elegir portada, grabar las música, masterizar y demás, las canciones conviven entre sí como conviven las etapas vitales que describen: «algunas fueron escritas hace cuatro años; otras llegaron como consecuencia de todo lo que ha pasado este año». Pero todas comparten algo: no intentan parecer más profundas de lo que son. Funcionan como pequeñas cápsulas emocionales. Pop con aristas suaves. Guitarras limpias que no necesitan distorsión excesiva para sostener un estribillo.

Las influencias son muchas, pero es significativo, que para esta puesta de largo escojan a Los Fresones Rebeldes… 1,2,3 y… y a Los Punsetes.


El fanzine: cuando el disco también se lee

En tiempos de consumo inmediato, Las Chavalas han decidido, como siempre, acompañar el estreno del álbum con un fanzine. Papel. Texto. Explicaciones sobre el proceso. Confesiones que no caben en un reel de treinta segundos.

Lo han hecho en todos sus directos, pero hay algo profundamente emocionante en eso. El fanzine no es marketing: es contexto. Es abrir la cocina del proyecto. Contar por qué surge cada canción. Qué momento vital la detonó. Qué miedo había detrás. Escribir que durante mucho tiempo todo fue solo suyo y que ahora lo comparten con ilusión enorme.

Esa transparencia conecta con una generación que no quiere ídolos inaccesibles. Quiere procesos. Quiere saber cómo se hace. Quiere entender que el arte no nace perfecto, sino trabajado.

Para que se cierre el círculo, sólo faltaría el objeto físico, la parte vinílica o ese punto exacto en el que entras en un bar cualquiera y, de pronto, reconoces tu propia voz saliendo de unos altavoces que no controlas. El instante en que la música deja de pertenecerte del todo y empieza a circular.

Ese momento llegará, pronto…

Porque Todo puede ser no es un capricho puntual, sino el inicio de algo que está encontrando su forma, y lo verdaderamente relevante no es el acabado sino un recorrido que apenas empieza. Alicante necesita discos así: no por su perfección, sino por su honestidad; porque reivindican que desde aquí también se puede construir un relato propio y demuestran que la escena no se decreta, se hace —canción a canción, con nervios, con amigas, con familia, con otros músicos entre el público—, con un estreno que no te deja dormir y que necesita distintos ecos para encontrar su contexto.

En esa convicción —tan simple como poderosa— está la clave real del «Todo puede ser», pero para contarlo como es, hace falta la objetividad que sólo nos da el tiempo. Pero ¿Sabes una cosa? Tras 10 años por estos lares, ya es mucho poder contar algo. El relato ha empezado, de hecho lleva unos años escribiéndose. Y da gusto estar ahí para disfrutarlo.

Y lo mejor es que… continuará…

Escúchalo el nuevo disco aquí:

Publicado en: ALICANTE CIUDAD, conciertos top, crónicas, MÚSICA, noticia cultural, noticias breves, REVISTA




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