
Hay plantas que crecen hacia la luz y proyectos que parecen hacerlo al revés: hundiéndose primero en la tierra, en la historia, en los restos materiales de civilizaciones desaparecidas, para emerger después convertidos en imagen, cerámica y pregunta. El juego del pallar, proyecto beneficiado por las Ayudas a la creación artística en residencia de Tabacalera y el Ministerio de Cultura, abre su estudio el sábado 16 de mayo en el Centro Cultural Las Cigarreras de Alicante, con doble horario: de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas.
La propuesta plantea una mirada sobre la representación vegetal que conecta dos territorios aparentemente lejanos: la ilustración científica del siglo XVIII y la iconografía del Perú precolombino. Entre ambos mundos aparece el pallar —también conocido como garrafón o haba de Lima—, una legumbre convertida aquí en archivo, símbolo, ficha de juego y posible sistema de comunicación.
La teoría del juego del pallar surge a partir de ciertas iconografías presentes en cerámicas mochica, donde algunos personajes aparecen interactuando rodeados de estas legumbres. Durante un tiempo incluso se pensó que aquellas semillas manchadas podían formar parte de una especie de escritura. Como si las alubias, antes de ser alimento, hubieran sido mensaje. Como si el futuro de la comunicación no estuviera en la nube, sino en una pequeña semilla marcada.
Desde esa grieta entre ciencia, mito y especulación, el proyecto se aproxima al pallar como un dispositivo capaz de conectar mundos opuestos: la vida y la muerte, la tierra y el cielo, el subsuelo y la floración. Su lógica recuerda a la de una planta que nace bajo tierra, trepa, se enreda, florece y vuelve a caer. Un viaje continuo. El ciclo de la vida, sí, pero sin banda sonora de Disney: más bien como una coreografía ancestral escrita con barro, manchas y legumbres.
Desarrollado durante los últimos meses en el subsuelo de Las Cigarreras, El juego del pallar combina dibujo y cerámica para investigar cómo las imágenes sobreviven, mutan y transportan relatos a través del tiempo. La residencia ha contado además con la colaboración de @loli_moloni y @lacuartapiel, ampliando un proceso que entiende la creación como excavación, laboratorio y conversación.
En este open studio, el público podrá acercarse a un proyecto que no mira lo vegetal como simple motivo ornamental, sino como una tecnología antigua de memoria. Una forma de pensar cómo las plantas narran, cómo los objetos hablan y cómo una simple alubia manchada puede convertirse en puente entre épocas, cuerpos y mundos.
En tiempos de inteligencia artificial, satélites y archivos digitales infinitos, El juego del pallar propone una distopía más silenciosa y quizá más inquietante: que el verdadero mensaje del pasado no estuviera escrito en piedra ni almacenado en servidores, sino escondido en semillas. Y que, para leerlo, todavía tengamos que aprender a jugar.






















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