
Qué curioso resulta el concepto de célula de habitabilidad. Suena casi biológico, como si estuviéramos hablando de la unidad mínima de vida, de ese pequeño compartimento donde, milagrosamente, puede desarrollarse algo tan complejo como una existencia humana. Y, sin embargo, en la práctica, a veces parece más bien la unidad mínima de resignación.
Porque construirla, se construye rápido. Se aprueba con agilidad. Se promociona como solución moderna, funcional, eficiente. Veinticinco metros cuadrados optimizados al milímetro, cocina integrada en la sala de esetar, baño comprimido como cápsula espacial para cagar y ducharte -a la vez – y una ventana estratégica – con barrotes – que promete “luminosidad”. Listo: ya tenemos habitabilidad encapsulada. Ya podemos decir que alguien puede vivir ahí.
Lo interesante viene después. Cuando alguien decide alquilar esa “célula” —ese microhábitat oficialmente declarado apto para la vida— comienza el verdadero proceso de selección natural. Se exige contrato indefinido, tres últimas nóminas, aval bancario, declaración de la renta, vida laboral, referencias del anterior arrendador, certificado de que no tiene mascotas, de que no fuma, de que no respira demasiado fuerte. Ingresos que tripliquen el alquiler (que ya de por sí triplica el sentido común). Y, si es posible, estabilidad emocional demostrable y vocación de permanencia eterna.
Es fascinante: el espacio puede ser mínimo, pero la solvencia debe ser máxima. Se diría que la habitabilidad se concede con ligereza arquitectónica, pero la dignidad económica se examina con lupa forense. Como si el metro cuadrado pudiera comprimirse sin problema, pero el riesgo jamás.
Quizá no estamos ante una célula de habitabilidad, sino ante una célula de laboratorio social: un experimento en el que se prueba hasta qué punto puede reducirse el espacio vital sin reducir el precio, y cuánto puede ampliarse la exigencia sin ampliar la confianza.
Al final, parece que lo realmente escaso no son los metros cuadrados. Falta coherencia. Y si ese fuera el único problema: tragaríamos. Pero…























Deja una respuesta