
Alicante incorporará a su calendario expositivo seis grandes muestras internacionales en el futuro Museo Internacional de Exposiciones Temporales de Las Cigarreras. Las primeras propuestas anunciadas serán Mecenazgo y Coleccionismo en la Casa de Alba, Modigliani y sus amigos, Balenciaga y el arte, Obras maestras del Barroco, Chagall y el Mediterráneo y Sorolla a través de la luz, con una programación prevista hasta el segundo semestre de 2029.
La Junta de Gobierno Local ha aprobado la contratación del servicio de comisariado, diseño, producción y montaje de estas seis exposiciones temporales por un importe de 3.761.999 euros (casi 4 veces el presupuesto anual de cultura). El contrato se adjudicará mediante procedimiento negociado sin publicidad a la empresa Light Art Exhibitions, que, según consta en el informe municipal, cuenta con los permisos y compromisos de los propietarios de las colecciones y presenta un proyecto exclusivo para este espacio.
El anuncio sitúa a Las Cigarreras ante una nueva etapa, marcada por la llegada de nombres de enorme atractivo para el gran público y de indudable proyección mediática. La posibilidad de ver en Alicante exposiciones vinculadas a la Casa de Alba, Modigliani, Balenciaga, el Barroco, Chagall o Sorolla resulta, sin duda, una noticia estimulante para la ciudad y para quienes siguen de cerca la programación cultural.
Sin embargo, una apuesta de este alcance también exige una reflexión más profunda. Si la intención es consolidar este modelo expositivo en el tiempo, habría sido conveniente preverlo antes de acometer la reforma del edificio y en paralelo al estudio sobre los usos futuros del complejo de Las Cigarreras (que se está realizando todavía). Un proyecto de estas características no puede limitarse a una sucesión de grandes nombres ni a un repertorio heterogéneo de propuestas sin una línea clara. Requiere una dirección artística definida, criterios curatoriales sólidos y un comisariado independiente capaz de articular un discurso coherente.
También conviene no perder de vista lo que Las Cigarreras ha sido hasta ahora: un centro cultural vinculado a la creación contemporánea, a los lenguajes emergentes, a la experimentación y a la actividad cultural de proximidad. Transformar o ampliar su función exige hacerlo con cuidado, sin borrar su trayectoria ni convertir el espacio en un simple contenedor de exposiciones de impacto.
A ello se suma una cuestión técnica fundamental: no todas las obras pueden instalarse en cualquier lugar. Las piezas de alto valor histórico o artístico requieren condiciones específicas de conservación, climatización, seguridad, iluminación y control ambiental. Si el edificio actual no reúne todavía esas garantías, será imprescindible adecuarlo con rigor antes de albergar colecciones que exigen estándares museísticos muy precisos. Pero si no va a extenderse esta ambiciosa propuesta, sería otra inversión en saco vacío.
Dicho esto, la llegada de estas exposiciones representa una oportunidad excepcional. Poder contemplar en Alicante proyectos vinculados a figuras como Modigliani, Chagall, Sorolla o Balenciaga es una magnífica noticia. La cuestión no es negar el interés de la programación, sino reclamar que una iniciativa de esta magnitud se acompañe de planificación, criterio profesional y respeto por la identidad cultural previa de Las Cigarreras.
Una cosa no quita la otra: la programación anunciada despierta entusiasmo, pero precisamente por su importancia merece ser pensada con ambición, responsabilidad y altura cultural.


















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