• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
Quefas

Quefas

  • INICIO
  • AGENDA
  • ¿DÓNDE ESTÁS?
    • ALACANTÍ
    • ALICANTE CIUDAD
    • ELCHE
    • L´ALCOIÀ
    • LES MARINES
    • VEGA BAJA
    • VINALOPÓ
  • ¿QUÉ BUSCAS?
    • ARTE
      • exposiciones
    • CINE
      • Cartelera de Cine de Alicante
      • estrenos
      • series
    • ESCÉNICAS
    • LETRAS
    • MÚSICA
      • EL BUEN VIGÍA
      • FESTIVALES
    • NENICXS
    • SOCIAL
    • TURISMO
      • GASTRONOMÍA
      • Rastros y mercadillos
      • Visitas
  • REVISTA
    • CRÓNICAS
    • DESTACADOS
    • NOTICIAS
    • NOTICIAS CULTURALES
    • OPINIÓN
  • CONTACTO
    • Contacta con nosotr@s
    • El mapa de la cultura alicantina.
    • Envíanos tus eventos
    • Envíanos tus novedades
    • Envíanos tus cartas al director
    • TARIFAS de quefas.es
  • RRSS y SUSCRIPCIONES

Llegar vivo al tercer día también es una forma de rebeldía

4 de agosto de 2026 por Jon López Dávila Deja un comentario

Llegar vivo al tercer día de un festival es un acto de rebeldía. Hay empacho. Cansancio. Una ligera sensación de no saber cuántos conciertos más caben todavía dentro del cuerpo. Las piernas protestan, la cabeza mezcla horarios y empiezas a mirar el mapa del recinto como quien estudia una ruta de evacuación.

La verdad es que no tengo otro tipo de agujetas. He estado con gente muy distinta y he aprendido muchas cosas. Supongo que ocurre porque ya no dejo que la nostalgia me pueda. Porque quien sigue ahí, quien continúa haciendo música, escribiendo, fotografiando o acudiendo a los conciertos, comparte algo con tu yo de ahora, aunque hayan cambiado los nombres del cartel, la ciudad y casi todo lo demás.

El tercer día fue, además, el más periodístico. Quizá porque empecé con Las Chavalas y fue más fácil apoyar la escena local y hablar con Dao e Isa, de Mi Rollo, con gente de Información y de 7S7 y con algún músico que quizá veamos pronto subido a estos escenarios grandes de Festival.

Los días anteriores no me había cruzado tanto con ese otro festival que sucede junto al escenario: el de quienes cuentan, retratan, comentan y discuten lo que está pasando.

Todavía conservo ciertos aprecios de mis tiempos de gestión de fosos o de llevar la comunicación del festival pero eso ya pasó con todo lo bueno y lo malo que ha tenido el cambio.

Las Chavalas abrieron la jornada después de ganar el certamen Emerge Vibra Mahou. Hay un punto, difícil de localizar, en el que algunas bandas pierden el gusanillo o normalizan la experiencia. Empiezan a mirar el escenario grande como una meta, cuando probablemente no lo sea teniendo ya un disco «Todo puede ser» y currándoselo con su fanzine, un abanico que nos vino de puta madre y un repertorio con guiños a Los Punsetes, Carolina Durante o Aerolíneas Federales.

Con todo eso, el premio no consiste en tocar en el escenario principal. Tampoco en morirte de calor bajo un sol insoportable. El premio es la experiencia. Poder apuntarla después en tus futuros fanzines de bitácora y recordar, dentro de unos años, que compartiste camerino con grupos cuyas versiones hoy forman parte del repertorio cambiante de nuestra forma de entender la música.

Eso es lo que debe quedar. No el tamaño del escenario, sino la conciencia de estar viviendo algo que seguramente volverá a ocurrir, porque la calidad es la que es, y las canciones son buenas… pero que da gusto ver que ha pasado muy rápido todo desde que tocaron por primera vez, y ya con mucha gente, en el Castillo de Santa Bárbara.

El calor, el domingo también, era asfixiante. Los abanicos se movían de camino al concierto de Depresión Sonora y alrededor aparecía una moda que vestía a jóvenes de los ochenta como si acabaran de inventar la pólvora. Plataformas de treinta centímetros, bikinis por fuera, cinturones de Dallas —la serie— y la duda permanente de si la elegancia pasa alguna vez de moda o solamente cambia de nombre.

El viaje hacia la influencia, la mezcla y la creación puede ser una ascensión sonora más que una depresión. Por eso, resulta curioso tener la sensación de haberlo vivido antes y que, al mismo tiempo, suene fresco. Supongo que hubo un tiempo en el que el consumo de música era más pausado y que los que hemos escuchado mucho a Joy Division, Parálisis Permanente o a Golpes bajos, viajemos a algunos efectos de guitarra, sintes e incluso los peinados. Todo remite a otra época, pero no necesariamente como una copia, sino más bien como un viaje que merece la pena hacer.

Si se puede criticar algo es que al envoltorio le falta un poco de distorsión. Que esos dos que están atrás con sus gafas de sol, podrían crear una pantalla que se imponga a eso de tener 2 manos para tres sintes y una guitarra, o para que la parte crítica y sucia contamine también el pianito, la melodía y todas esas piezas que parecen avanzar por carriles distintos. Porque cuando la actitud es áspera, el sonido debería atreverse a ensuciarse con ella.

La buena noticia es que según acabaron el concierto, nos dijeron que volveremos a escuchar «Ya no hay verano», «Soy lo peor» o «Como todo el mundo» en L´Escorxador el sábado 08 de agosto….

De ahí dimos un salto a otro festival… A Juventude ya lo pusimos por las nubes con esa joya homónima que sacaron como disco de debut el año pasado. Pero esa amalgama de colores que tiene el disco, se multiplica con un directo más psicodélico, más cachondo y más libre. Un viaje por el folclore andaluz, los setenta, el rock, el funk y esa clase de surrealismo que solo funciona cuando quienes lo ejecutan parecen creérselo de verdad.

Lo siento por quien se fue a ver a Sidonie (aunque en algunos momentos sonaron más que el concierto que teníamos delante). Pero estos sevillanos son la polla. Juventude convirtió el Escenario Radio 3 en una especie de «estanque» psicodélico de Sevilla. Había humor, riesgo y una sensación constante de que todo podía irse hacia cualquier parte. No buscaban ordenar las referencias, sino hacerlas convivir. Y lo mejor es que aparte de en la puesta en escena, los que bailamos abajo nos sentimos parte del show, de la reivindicación y de la duda de en qué lugar del top 3 de mejores conciertos del finde ponerlos.

Y eso, en un festival donde a menudo las bandas terminan pareciéndose demasiado a sí mismas, es una virtud enorme.

Durante el concierto, fue divertida la secuencia del batería de The Molotovs montando y afinando la batería. Dentro de su propia bola mental mientras simulaba que tocaba ajeno al show de Juventude. Aislado, concentrado y pendiente de algo que quizá solo él escuchaba, sin interferencias de Sidonie, ni hostias.

Era como el preludio de lo que estaba por venir. Porque siempre hay un concierto que pasa a la posteridad, y el de The Molotovs es uno de esos que dentro de unos años diremos que, la primera vez que los vimos, fue en el escenario pequeño del Low.

Aparte del batería, dos hemanos post-adolescentes nos presentaban «Wasted of youth» su primer disco. The Molotovs, en esencia es ella, Issey, que con su bajo reventó el principio de la noche ensuciando con reminiscencias punk, la esencia añeja del britpop de los 90.

Movimiento, flow, pelo alborotado, mirada al frente. Llámalo como quieras. La cuestión es que la bajista apareció y se comió el puto escenario y a todos los que reteníamos la baba abajo. Había algo magnético en su manera de tocar, de desplazarse y de sostener las canciones como si fuera algo sencillo y obvio. Los temas entraban, uno a uno, como disparos en la boca de los que los estaban escuchando por primera vez.

Y la descarga de este power Trío joven, directo y orgulloso de tocar como si el rock todavía pudiera ser una urgencia. Y funcionó, quien estaba allí lo sabe bien, porque lo recordará por mucho tiempo.

Si jugamos a hacer un grupo de la noche… tenemos frontman: Ángel Barbero, su pantalón roto y sus medias verónicas, la bajista más joven del cartel y nos falta batería… o no, porque las siguientes en llenar de distorsión el escenario pequeño eran Repion, y me da que pocos pueden dudar de que Teresa Iñesta es la mejor que pasó por ahí. Todo es disctutible, y más en estas movidas subjetivas a las que nos gusta jugar a los puretas, pero no es una exageración ni una frase lanzada por entusiasmo. Teresa toca con fuerza, precisión y una capacidad brutal para elevar las canciones. No se limita a acompañarlas: las empuja, las rompe y las vuelve a ordenar.

Si encima sumas buenas letras bordadas de temas como «el sueño dura una semana», el talentazo de su hermana Marina y unos guitarrazos dignos de los mejores temas de Big Thief o Hole, y la capacidad de Iris Banegas para poner la pantalla de bajo a todo eso, el crecimiento de número de fans de Repion está más que justificado.

Y ahí está el valor real de una banda. En entender que una canción no es únicamente lo que se escribe y se canta. También es cómo entra una batería, cómo se sostiene el bajo, como conectas con el que te está escuchando y cómo una guitarra puede transformar una frase sencilla en algo trágico, romántico o verdadero.

Había algo de Dover (esperemos que estas hermanas acaben mejor que las Llanos) en esa rabia, en esa combinación de melodía y golpe. No como imitación, sino como recuerdo de una época en la que una banda podía sonar enorme sin necesitar un escenario descomunal.

Teresa, además, hizo doblete con Aiko el Grupo. Como si dominar un concierto no fuera suficiente… de hecho, a pesar de los problemas iniciales mantuvieron esa mezcla de punk, irreverencia y humor que tan bien funciona cuando no se convierte en pose.

Su directo tiene velocidad, descaro y una forma de burlarse de sí mismas antes de que pueda hacerlo nadie más. Después de Repion, el cambio de tono resultó casi necesario. Y entró mejor que el poco rato que fuimos a ver de lejos a Carlos Ares (al que ya vimos en el WARM UP).

Un festival también necesita bandas que rebajen la solemnidad. A veces basta con tocar rápido, decir algo incómodo y largarse antes de que la broma se desgaste. Creo que han cambiado de sello, pero se echa de menos el punto «elefant» que antes era común y hasta pesado en los carteles… y ahora uno imagina ratos en los que entraría bien oir a Family – aunque sea en la zona de dj´s -, Cola Jet Set o Los Fresones Rebeldes (quien lo iba a decir…).

O no… porque Ciutat, en ese punto, a esas horas y en ese formato nos arrebataron la idea romántica del recuerdo paquidérmico… Y Barry B más de lo mismo. Porque son tres días de festival y, si paro, muero…

Hay un momento en que sentarse deja de ser descanso y se convierte en peligro. Si el cuerpo entiende que la jornada ha terminado, ya no vuelve a levantarse. Por eso el Escenario ESC_ empezó a adquirir un protagonismo inesperado.

No porque el cansancio hubiera convertido las sesiones del escenario 4 (que no habíamos pisado hasta ese momento) en lo mejor de ese momento de la noche, sino porque servían para continuar en movimiento. Para sostener la inercia. Para evitar esa pausa definitiva que anuncia el final.

Hasta que aparecieron Nerve Agent…

Delante de mí una chica llevaba una camiseta de la selección de la URSS de 1988. Probablemente no le interesaba saber por qué aquel equipo jugó de blanco ejerciendo como local la final en la que Van Basten les jodió la Euro (como nosotros en el 64). Pero bueno, tampoco hacía falta, ni era el momento de hablar de política. En un festival, la iconografía casi siempre termina separándose de su historia.

Pero se agradece el detalle. Y se agradece todavía más cuando llegan Nerve Agent y los bajos empiezan a golpearte el esternón.

Comparado con tanto pop, aquello era otra cosa. Post-punk, electrónica, oscuridad y una presión física que no necesitaba recurrir a la nostalgia para resultar familiar. El cuerpo ya estaba agotado, pero precisamente por eso aquel final funcionó para soltar los restos.

Nerve Agent no pidió delicadeza. Pidió resistencia. Jugaron con la broma de confundir Torrevieja con Torremolinos y estuvo bien acabar así. Sin una despedida amable, sin una canción diseñada para abrazar a tu pareja, o al amigo que ha resistido contigo los tres días. Con graves que apretaban el pecho y una oscuridad capaz de devolvernos un poco de energía cuando ya no quedaba ninguna y la gente bailaba «Putos vecinos» o «Albacete Rural Crew» como si estuvieran en la rave de Sirat..

El primer Low Festival de Torrevieja terminó después de reunir a 50.000 personas – según fuentes oficiales – durante tres días en el Parque Antonio Soria. Cambió la ciudad, cambió el recinto y cambió parte del público. Pero hay algo que permanece. La nostalgia y la reinvención mezcladas con la necesidad de encontrar una banda pequeña que no esperabas o un momento que pensabas que no ibas a vivir… La conversación en el camino entre escenarios. La discusión sobre una batería, un beso, un bajo o una versión innecesaria. El instante en el que una persona desconocida comparte contigo una observación que modifica todo el concierto.

Quizá eso sea lo que compensa el precio de la entrada.. lo que te permite dejar de vivir bajo esos recuerdos de los que suprimimos partes que no nos gustan. Pero justamente, por eso, mientras uno vuelve a casa y se plantea que recordará de todo esto dentro de 10 años, y cuantas cosas habremos olvidado mañana, creo que llegar vivo, y coleando, al tercer día de festival es un acto de rebeldía.

O quizá sea que ya no nos hace falta ser rebeldes para sentir cosas así.

Quizá te interese también:

  • Crónica del primer día de Low Festival
  • La crónica del segundo día
  • Más cosas de festivales
  • Noticias made in Producciones Baltimore

Publicado en: crónicas, en portada, festivales de música, MÚSICA, noticia cultural, noticias breves, Noticias de festivales, Vega Baja Etiquetado como: Baltimore, Low, Torrevieja




Síguenos en whatsapp
Síguenos en Telegram

Entradas recientes

  • Llegar vivo al tercer día también es una forma de rebeldía
  • Dos horas dentro del motor de un autobús antes de que The Hives prendieran fuego a Torrevieja
  • El viernes y el arte de aceptar que la fiesta ya no siempre es nuestra
  • Low Festival 2026: la ruta del domingo para llegar vivos —o no— al amanecer
  • Low Festival 2026: la ruta del sábado entre guitarras, nuevos descubrimientos y un cierre de altura

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Quefas © 2026

X