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¿Miedo a subirse al tren? No: miedo a que nos roben lo público

25 de enero de 2026 por Jon López Dávila Deja un comentario

Cada vez que ocurre una tragedia, la ultraderecha llega antes que el duelo. No espera a las víctimas, no respeta los tiempos ni la complejidad de los hechos. Llega con un mensaje prefabricado, sencillo y profundamente peligroso: el Estado no funciona. Esta semana, Vox ha vuelto a hacerlo tras los accidentes ferroviarios de Adamuz y Gelida. Caos, miedo y desconfianza. El mismo guion de siempre.

Santiago Abascal ha dicho que “la corrupción mata” y ha hablado de “tercermundización” de los servicios públicos. La frase suena grave, indignada, casi responsable. Pero es una impostura. Porque Vox no quiere trenes más seguros. Vox quiere menos trenes públicos. Y esa diferencia lo cambia todo.

El objetivo no es mejorar el servicio, sino destruir la confianza en lo común. Instalar la idea de que nada funciona. Ni los trenes, ni los hospitales, ni la educación, ni las carreteras. Porque cuando la gente deja de creer en lo público, empieza a aceptar cualquier cosa: privatizaciones, recortes, autoritarismo. Ese es el negocio político de la ultraderecha.

No es casualidad que el miedo sea su materia prima. Lo usan con la migración, con la seguridad ciudadana y ahora con el transporte. “La gente tiene miedo a subirse a un tren”, dicen. ¿De verdad? ¿O lo que quieren es que tengamos miedo a depender del Estado para movernos, curarnos o vivir?

Porque la pregunta que Vox nunca responde es la importante: ¿qué pasa si dejamos de invertir en servicios públicos, como ellos proponen? Pasa que el tren se encarece o desaparece. Pasa que el transporte colectivo se degrada. Pasa que la única alternativa es el coche.

Y entonces llega la segunda pregunta, aún más incómoda para ellos: ¿quién puede permitirse hoy un coche? ¿Quién puede pagar gasolina, seguros, mantenimiento, peajes y zonas de bajas emisiones, con salarios que no suben y alquileres que se comen medio sueldo?

Desde luego, no la mayoría trabajadora a la que Vox dice defender mientras vota sistemáticamente contra sus derechos. A ellos la precariedad del trabajador se la pasa por el forro, pero no dudan en usar su miedo como arma política.

El relato del desastre permanente no se sostiene con los datos: la inversión ferroviaria se ha triplicado en los últimos años, el mantenimiento ha aumentado y los sistemas de seguridad funcionan cada día para millones de personas. Pero como bien señalan los expertos, el dato no vence al miedo cuando el miedo se repite lo suficiente.

Por eso no basta con cifras. Hay que señalar la intención. Explicar que cuando Vox dice que el Estado no funciona, lo que está diciendo es que quiere desmontarlo. Que cuando habla de inseguridad, prepara el terreno para privatizar. Que cuando acusa de caos, sueña con un país donde solo se mueve, se cura y vive con dignidad quien puede pagárselo.

Defender los trenes públicos no es defender a un ministro. Es defender a los trabajadores que los mantienen, a los ingenieros que diseñan la seguridad, a los servicios de emergencia que responden cuando ocurre lo impensable. Es defender el derecho a moverse sin miedo… y sin arruinarse.

El verdadero peligro no es subirse a un tren. El verdadero peligro es creerse el cuento de quienes necesitan que todo parezca roto para poder vendernos el desguace. Porque cuando nos quitan lo público, no nos dejan libertad: nos dejan solos.

Publicado en: España, noticias breves, opinión, Política, REVISTA, SOCIAL




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