
La iniciativa de Antonio Peral es, sin duda, una de esas que merece ser reconocida. Abrir el debate sobre la relación entre Alicante y su puerto en el marco del nuevo Plan General no solo es necesario, sino que llega en el momento justo. Pocas decisiones marcarán tanto el futuro de la ciudad como esta.
Hablar de “oportunidad histórica” no es exagerado. Alicante lleva años viviendo de espaldas a un debate que otras ciudades portuarias ya han abordado con mayor o menor acierto: qué papel debe jugar su frente marítimo, para quién se diseña y con qué límites. Que ahora se plantee de forma abierta y participativa sería una buena noticia. Pero una cosa es abrir el debate, y otra muy distinta es definir bien los términos de la relación.
Porque si algo ha demostrado la trayectoria reciente de la Autoridad Portuaria de Alicante es que no siempre ha ido alineada con los intereses de la ciudad. Especialmente en materia medioambiental, donde decisiones como los macrodepósitos, la “plataforma fantasma”, los cruceros o los episodios de vertidos han generado más dudas que consensos. Tampoco en lo comercial ha existido una estrategia compartida: el puerto ha operado, en muchas ocasiones, con lógica propia.
Por eso, cuando ahora se habla de alineación, conviene preguntarse: ¿alineación en base a qué modelo? Existe un riesgo evidente de caer en la solución fácil: convertir el puerto en otra extensión de la ciudad del ocio, en una nueva burbuja comercial que, bajo la etiqueta de “dinamización”, repita esquemas ya conocidos. Más terrazas, más consumo, más turismo rápido. Y poco más.
Si ese es el horizonte, la oportunidad se diluye. Porque la verdadera cuestión no es cuánto se puede explotar el puerto, sino qué tipo de ciudad quiere ser Alicante. Y ahí es donde el Ayuntamiento tiene una responsabilidad clave. No basta con acompañar o consensuar: debe liderar. Debe definir con claridad qué espera del puerto en el próximo PGOU, qué límites establece y qué modelo considera irrenunciable.
¿Un puerto integrado de verdad, con espacios públicos de calidad, usos equilibrados y respeto ambiental? ¿O un escaparate más al servicio de la inercia económica?
La diferencia no es menor. Al fin y al cabo, el puerto es, efectivamente, uno de los grandes activos de Alicante. Pero también es uno de sus mayores retos. Convertirlo en una oportunidad real dependerá menos de los discursos y más de las decisiones. Y, sobre todo, de que esta vez la ciudad no vuelva a ir detrás.




















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