
Se acabó agosto. Son las doce. Todo el mundo a casa…
Alicante, ciudad turística, mediterránea, cultural, hostelera, dinámica y todos esos adjetivos que quedan estupendos en las notas de prensa, ha decidido que el 4 de septiembre ya es prácticamente invierno.
Da igual que sigamos en plena alerta amarilla por calor —sí, también en todo el litoral alicantino— y que las noches continúen teniendo bastante más de agosto que de otoño. Da igual que haya conciertos, sesiones de DJ, cine, bares llenos o gente por la calle. Ha empezado septiembre y, como cualquier persona sensata sabe, el 1 de septiembre ocurre un fenómeno meteorológico extraordinario: desaparece la vida nocturna.
(O, al menos, desaparece el TRAM para quienes la practican).
Así que este viernes puedes ir a ver a The Flamin’ Groovies, claro. Puedes quedarte a ver pinchar a la buena gente de Mistela Punx. Puedes recordar a Ratón con toque de queda, como Cenicienta, seguir una tertulia hasta que termine, meterte en una sesión golfa de cine o cometer la temeridad de tomarte una cerveza después de un concierto.
Puedes hacer prácticamente cualquier cosa. Lo único que no puedes hacer es volver a casa en transporte público si vives fuera del centro. Bueno, sí puedes: si tienes dinero para un taxi.
Y ahí está la parte verdaderamente moderna del modelo de movilidad sostenible alicantino: transporte público para todos, siempre que todos regresen pronto y a poder ser sin salir del radio del centro de la ciudad, si vives en San Gabriel, La Playa, El Campello o Sant Joan, te jodes y que te aplasten en los pocos bus que hay para moverte… o dicho de otra manera, la nocturnidad queda reservada para quienes puedan pagarla.
Lo divertido es que el experimento parece haber salido razonablemente bien. Este verano el Tramnochador transportó a 137.633 viajeros en apenas 18 noches: 65.787 en julio y 71.846 en agosto. Una cifra que, en cualquier lugar extraño donde las políticas públicas se diseñaran observando cómo usa la gente los servicios públicos, quizá serviría para pensar: oye, igual esto hace falta.
Aquí parece servir para lo contrario. Gracias por participar. Nos vemos el verano que viene. Porque, por supuesto, nadie pide que haya un tranvía cada veinte minutos a las cuatro de la madrugada de un martes de febrero (o sí…) La caricatura suele ser una magnífica herramienta para evitar discutir sobre lo razonable.
Lo razonable sería algo bastante menos revolucionario: mantener un servicio nocturno mínimo de jueves a domingo, con frecuencias más amplias, adaptado a la demanda y que permita que alguien pueda ir a la sesión golfa del cine, a un concierto, al teatro, a cenar o simplemente salir sin consultar antes la hora del último TRAM como quien calcula la última diligencia hacia el Lejano Oeste.
Curiosamente, ni siquiera es una ocurrencia aislada. El Consell de la Joventut d’Alacant y muchos otros colectivos ciudadanos llevan tiempo pidiendo que exista transporte nocturno durante los fines de semana durante todo el año y la propia Generalitat ha anunciado que estudiará su viabilidad.
Algo habrán visto…
Y es que apostar por la hostelería no consiste únicamente en inaugurar terrazas. Apostar por la cultura no consiste en colocar el logotipo institucional en un cartel. Y apostar por el turismo —incluso por ese modelo turístico del que tantas veces habría que discutir— tampoco consiste simplemente en contar ocupaciones hoteleras y celebrar que Alicante sigue batiendo cifras.
Una ciudad que pretende tener actividad necesita decidir también cómo vuelve a casa la gente que participa en ella.
Especialmente cuando luego sus administraciones sacan pecho de las bondades del transporte público, de la movilidad sostenible, de dejar el coche en casa y de construir una ciudad más amable.
Perfecto. Dejamos el coche en casa. – ¿Y ahora cómo volvemos? –
Porque no deja de ser curioso recomendar transporte público y, al mismo tiempo, obligarte a mirar el reloj durante una película para calcular si los títulos de crédito van a coincidir con el último tranvía.
Quizá el verdadero espectáculo cultural de Alicante no sea esta noche The Flamin’ Groovies. Quizá sea ver a alguien salir corriendo antes de los bises porque pierde el TRAM. Eso sí que es apostar por la cultura. Pero rapidito, que mañana hay cole.















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